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9 de mayo de 2019

Cinco libros con personajes de ficción que te encantaría conocer

Cuando nos acercamos a un libro nuevo, la historia que cuenta es fundamental para que nos quedemos en él. Por ejemplo, a mí me encanta el género feel good, novelas que en las que se respira positivismo, posibilidades, amor, amistad, familia y mucho bonitismo en general. Sé, por mis preferencias, que este tipo de lecturas son un acierto fijo.

Sin embargo, estoy convencida de que podría acercarme a casi cualquier libro, de cualquier temática, siempre y cuando hiciera buenas migas con el personaje. Porque, todos los sabemos, hay personajes que son historias en sí mismos y tienen personalidades tan fuertes que lo envuelven todo. Y, cuando eso ocurre, te quedas a vivir en su universo. Sea cual sea, esté donde esté. No quieres que termine nunca.

Hay un sinnúmero personajes de novelas que he leído a los que me encantaría conocer en carne y hueso. Les preguntaría, me pasaría horas hablando con ellos. Como son muchos, aquí he hecho una selección con cinco que me han parecido maravillosos en los últimos años. Espero que, si te animas a leer estos libros, los disfrutes tanto como yo.

30 de abril de 2019

Cinco libros de ficción con los que aprender historia (y que no son novelas históricas)

Ya os he contado en varias ocasiones que mi lista de lecturas dice mucho de mí, tanto por los libros que leo como por los que no. Por ejemplo, en ese listado encontraréis muy poca novela histórica, aunque una de las cosas por las que la lectura tiene mucho sentido para mí es el aprendizaje continuo que supone.

Con esto quiero decir que, a pesar de que el género de la novela histórica no es una prioridad en este momento, sí que me gusta aprender historia, y lo hago a través de novelas que se encuadran en ciertos contextos históricos. Por eso, hoy traigo una relación de cinco novelas para curiosos que, como yo, disfrutan con un buen libro de ficción enmarcado en un tiempo histórico real. Aquí va la lista.

14 de marzo de 2019

[13] Por dónde empezar en la literatura asiática

Este mes de marzo es el mes de la literatura asiática en los canales de Magrat Ajostiernos y he querido unirme leyendo un par de novelas y haciendo algunas reflexiones.

Empiezo por las reflexiones. Haciendo inventario de lo que he leído hasta el momento, la conclusión es que, sobre todo, mis estanterías están llenas de libros japoneses. Hubo un momento hace unos años en que me obsesioné por la literatura nipona y lo contaba aquí debido a que en ese momento empecé a leer mucho acerca de la muerte. Y, si hay una constante en los libros japoneses, esa es la muerte, aunque luego me di cuenta de que, a pesar de la apariencia pesimista, la búsqueda de la identidad y de la felicidad son temas recurrentes: lejos de ser textos tristes o deprimentes, arrojan reflexiones para los que se quedan y apuestan por la vida, a pesar de las dificultades. Son novelas escritas para los que creen en el amor, en la amistad y en la existencia en general.

Además de novelas japonesas, he tenido algún que otro contacto con la literatura china, india y afgana, en menor medida. Por ejemplo, he leído a Amy Tan (china), a Pearl S. Buck (china), a Anchee Min (china), a Khaled Hosseini (afgano) y a Anjali Bernajee (india). Lo que pasa es que todos los libros que he leído de ellos tienen algo en común: el autor refleja un fuerte apego al mundo occidental y, en especial, a los EEUU. Aún así, son lecturas en las que se puede conocer mucho más acerca de la cultura raíz del escritor y son fáciles de abordar.

Con todo esto, ¿por dónde podemos empezar si queremos acercarnos un poco a la literatura asiática? Aquí van mis recomendaciones.

21 de febrero de 2019

[12] Cinco novelas recomendadas para amantes de las librerías

Entre las ciento y pico reseñas que llevo escritas en este blog a día de hoy, hay libros de todo tipo, aunque está claro que algunos temas sobresalen por encima de otros porque, simplemente, me chiflan. Por ejemplo, puedes encontrar mucho feel good, viajes, introspecciones, japoneses,... Dependerá un poco del punto de vida en el que me encuentre pero, por lo general, encontrarás menos novela negra y de fantasía que libros de desarrollo personal.

El género del que voy a hablar hoy (y sí, lo llamo género) tiene ese halo halo romántico y nostálgico que tanto nos atrae a los amantes de los libros y al que pocas veces nos resistimos. Se trata de las novelas sobre librerías.

En los últimos años he leído muchas novelas en las que las librerías y los libros son parte fundamental de la historia; al fin y al cabo, los escritores son amantes de los libros y así queda reflejado en sus obras. Pero es que, además, he encontrado muchas novelas en las que las librerías y los libros son los verdaderos protagonistas

Para mí, este tipo de lectura es reconfortante; es como si estuviera con un amigo; es casa. Suelen relatar historias locas de gente que se quiere dedicar a ser librero, ¡qué disparate!, ¿verdad? O a lo mejor no tanto. Juzga por tí mismo. Por cierto que, en esta lista, el orden de los factores no altera el producto.

La librería ambulante, de Christopher Morley. El día en que el profesor Roger Mifflin se presenta en la granja Hellen McGill con la intención de venderle al hermano de esta una librería ambulante dispuesta en un carro tirado por un caballo, Helen decide ser ella misma quien la compre para evitar que su hermano vuelva a dejarla sola. Pero es que, además, se plantea que es hora de que ella se tome unas merecidas vacaciones después de quince años de entrega total a la granja y a su hermano y se marcha a vender libros por la América rural. 

En este libro los protagonistas son los libros, y hay un gran número de referencias y citas. Pero, si por algo se colocó en el top ten de mi lista de 2016 es porque en esta historia hay una persona que cambia de estilo de vida y emprende una aventura que, para más deleite mío, es una aventura con libros, y en itinerancia. Amantes de los libros y de los viajes, ¿qué más se puede pedir?

La librería del señor Livingstone, de Mónica Gutiérrez. Agnes Marti es una arqueóloga catalana en paro que decide trasladarse a Londres con el fin de encontrar ese trabajo que tanto desea. Su misión no le resultará fácil pero el camino la llevará por azar (y también un poco por su escaso sentido de la orientación) hasta la librería del señor Livingstone, un viejo librero gruñón adorable que busca un ayudante de librería de cuento.

Para los enamorados de la literatura, de los libros y de las librerías, esta novela es un paraíso. Contiene multitud de referencias a novelas y guiños a escritores en cada una de sus páginas. Y, sobre todo, refleja a la perfección el mundo literario y feel good de las novelas de Mónica Gutiérrez

La librería de las nuevas oportunidades, de Anjali Banerjee. Los ingredientes de esta novela son un cóctel para mí porque reúne tres de las cosas sobre las que más me gusta leer: hay libros, porque Jasmine, la protagonista, es una mujer de negocios que decide trasladarse al sitio en el que se crió, Shelter Island (Seattle), tras divorciarse para encargarse durante un mes de la librería de su tía Ruma; hay amor,  y es que durante toda la novela a Jasmine le llegan continuos mensajes de que no debe nunca dejar de creer en el amor y en la posibilidad de volver a enamorarse; y hay una persona que cambia su estilo de vida, que pasa de gestionar carteras de inversiones a regentar una librería. Si a esto le sumamos un puntito de magia, el resultado es una novela con la que disfrutar, y mucho.

La librería de los finales felices, de Katarina Bivald. Sara Lindqvist es una chica sueca que vive de forma solitaria entre sus libros. La pérdida de su trabajo en una librería coincide con la invitación de su amiga Amy Harris, con la que se cartea e intercambia libros, para que la visite en Broken Wheel, un pequeño pueblo de Iowa, en Estados Unidos. Sin embargo, el viaje que Sara había planeado se trastoca cuando, al llegar a Broken Wheel descubre que Amy, que es una anciana, acaba de morir. A partir de ese momento, Sara, que es bastante solitaria, tendrá que aprender a sentirse querida por los habitantes  de este pueblo que, a pesar de ser extraños, se comportan de manera muy hospitalaria.

Si hay algo que me gustó de este libro es la cantidad de reflexiones y de recomendaciones interesantes que aporta, sobre todo de literatura norteamericana.

La librería, de Penélope Fitzgerald. La protagonista de esta novela se llama Florence Green, es viuda y vive de forma modesta en Hardborough (Inglaterra), un pueblo pequeño y poco desarrollado, con pocos servicios y comercios, motivo por el que Florence pensó que sería buena idea abrir una librería. A buena parte de los habitantes del lugar, esta iniciativa les parece una locura y otros son bastante reticentes pero las ganas de la Florence pueden con todo.

La librería no es una novela que me encantara en su momento pero tiene dos cosas que me parecieron de lo más interesantes: la parte en que la autora decide empezar a vender Lolita, la obra de Vladimir Nabokov; y la otra es el personaje de la protagonista: una mujer pequeña, menuda, de hábitos predecibles y muy modesta. Pero tiene coraje, fuerza, valor, perseverancia, lealtad a sus ideas, a la vez que tolerancia y respeto por los demás.

Además de los cinco anteriores, aquí puedes encontrar más novelas sobre librerías. Y, porfa, si tienes alguna recomendación para mí, ¡déjamela en comentarios!

6 de febrero de 2019

[11] Los 10 libros que más me han influido en los últimos años

Desde que abrí este blog a finales de 2014, las cosas me han cambiado mucho. Si me paro a pensarlo, solo son cuatro años de mis 35, pero en este tiempo he avanzado más que nunca en mi vida. Y no me refiero a importantes cuestiones terrenales, no; de esas ha habido más bien pocas. Me refiero a grandes cambios dentro de mí.

En los últimos años he vivido la ruptura del seno de mi familia, he tenido que reinventarme a mí misma, eliminar viejos patrones y encontrar nuevos, crecer con mi pareja, buscar un hueco propio en el que sentirme identificada y aceptarme tal como soy. Gracias a todas estas experiencias, la mayor parte de ellas en forma de palo emocional, creo que he logrado conocerme mejor y alinearme conmigo misma.

Desde luego, ha habido mucho trabajo interno, ayuda de seres queridos y sesiones de terapia, pero nunca lo hubiera conseguido sin los libros. Ellos me han dado refugio, respuestas, otras perspectivas, nuevas formas de ver la vida y amor incondicional. Son muchas las lecturas que me han ayudado en este recorrido pero sin esta selección de 10 no podría entenderme en la actualidad. En todas ellas queda reflejado al menos uno de los pilares imprescindibles sobre los que me sostengo: mujer, familia, amor, amistad, evolución, feel good, experiencias, viajes, periodismo, enseñanza, lectura, sostenibilidad  y vida sencilla.
  • Salvaje, de Cheryl Strayed. Este relato de un viaje salvaje y solitario por un camino inhóspito es de lo mejor que me ha pasado en los últimos tiempos. La fuerza de una mujer sola y perdida con ganas de encontrar el sentido a su vida me hace sentir el poder del ser humano frente a la adversidad y de que, a pesar del esfuerzo, el resultado final es muy grande.
  • Días de viaje, de Aniko Villalba. Gracias al blog de esta escritora y a sus libros, logré superar uno de los miedos que había ido arrastrando a lo largo de los años: el miedo a viajar. Ella me enseñó a ver los viajes desde una perspectiva diferente. Y no es que hiciera la mochila y saliera a ver mundo como si nada hubiera pasado. No. Pero empecé a dar pequeños pasos en firme, de esos que intuyes que va a salir algo muy bueno
  • Brooklyn Follies, de Paul Auster. Este libro me demostró, a través de la experiencia vital de sus personajes, que es posible (¡qué digo posible, es obligatorio!) poner vida a los años, aunque sea en la última etapa vital.
  • Una madre, de Alejandro Palomas. Hablando con el autor en la Feria del Libro de Madrid de 2016 le dije: "Es imposible escribir sobre los sentimientos que he leído en tu libro sin haberlos vivido antes". En Una madre sentí con la familia de Amalia como si fuera la mía y, de hecho, pude hacer catarsis y comprender muchas de las cosas que habían pasado en mi propia familia en el último año.
  • Los interesantes, de Meg Wolitzer. Adoro esta novela porque analiza la manera en la que te planteas tu propia vida cuando tienes 15 años y cómo esas expectativas van transformándose conforme avanzan los años. Es la evolución de la vida tal cual, sin azúcar añadido: no serás lo que tenían proyectado tus padres para ti; ni siquiera serás lo que tú habías proyectado para ti, sino que tu camino se irá escribiendo conforme avances y dependerá de muchos factores.
  • Todas las familias son psicóticas, de Douglas Coupland. Si pensáis que vuestra familia es peculiar, tenéis razón, pero tenéis que leer las aventuras y desventuras de la familia Drummond para comprobar que donde lo hay malo lo hay peor. Si tenéis problemas familiares, después de leer este libro, os parecerá que lo vuestro es un cuento de gatitos.
  • Señora de rojo sobre fondo gris, de Miguel Delibes. Cuando leí esta novela quería que solo fuese para mí y que nadie más la leyese. Habla del amor, pero no del amor romántico, perfecto y con final feliz que nos intentan colar por todos lados. No. Habla del amor cotidiano y sencillo mezclado con las cosas de la vida. Habla de una relación forjada entre los hijos, el trabajo,  la familia, el día a día, las personalidades, la enfermedad, la incondicionalidad y la muerte.
  • Historia de una maestra, de Josefina Aldecoa. Mi profesión frustrada es la de maestra. Una decisión precipitada me llevó a estudiar periodismo y lo de enseñar me ha quedado como una espinita en el corazón. Por eso este libro me llegó tan adentro. Muchos de los valores relacionados con la educación de los que se hablan en las páginas de Historia de una maestra, son los míos propios.
  • Sostiene Pereira, de Antonio Tabucci. Este libro es con el que empecé, de nuevo, una relación estable y madura con la lectura. Y surgió hablando con unas compañeras en el trabajo. Y fue el que marcó un nuevo hito en mi vida. Por eso le tengo tanto cariño. Además, habla del periodismo en un momento difícil de la historia de Portugal. Y yo soy periodista y, aunque a veces reniegue, sé que, en el fondo, la profesión la llevo dentro.
  • The year of less, de Cait Flanders. En los últimos dos años, la sostenibilidad y la vida sencilla son un must en mi formade vida: menos consumo, menos plástico, mejor alimientación, vida más sencilla y centrada en necesitar menos. He de decir que me encantan las historias de vida y que esta de Cait Flanders inspiró muchísimo. Y, además, cumple uno de mis principales objetivos de lectura: leer en inglés.

26 de octubre de 2018

[10] La vuelta a los libros, leo autoras octubre y noviembre sencillo



Hace unos días, leí un tuit de @Pocheflor en el que confesaba que llevaba un mes sin leer un libro porque los empezaba y era incapaz de seguirlos. Y me recordó dos cosas que me han pasado en el último año y medio.


La primera tiene que ver con una entrada que escribí hace tiempo en la que hablaba de que mi lista de lecturas era como leer el futuro en las hojas de té que quedan en el fondo de una taza, pero al revés. Es decir, que si la observamos detenidamente, nos podemos dar cuenta de que en los momentos en que no leo, algo me corroe (normalmente por dentro).

La segunda cosa está relacionada con la entrada en la que yo misma cuestionaba mi relación con los libros debido a una crisis lectora que ha durado casi un año. En aquel momento cuestionaba mi conexión con la lectura como forma de vida e incluso llegué a pensar que me estaba encasillando tanto en un tema en concreto que no lograba disfrutar de nada más.

Pero he vuelto al blog. ¿Por qué? ¿Por qué ahora? La verdad es que ha sido un impulso más de los que conducen mi vida pero la historia es esta. Este verano, después de un año de trabajo intenso y absorbente, me quedé sin empleo. Estuve ideando poner en marcha un blog sobre vida sostenible, que es otro de los temas que me interesan mucho en los últimos tiempos. Pero en ese proyecto echaba mucho de menos los libros.

Para mí, los libros son fuente infinita de inspiración y una de las principales guías de mi vida. Me di cuenta de que, en mi última etapa, los había cambiado por Instagram y por el postureo que muchas veces supone esta red social. Y sentí que debía volver aquí para reencontrarme conmigo mismo, con la calma, con la reflexión, con ese sentimiento que me provoca leer algo que me llega al alma.

Es verdad que, como comenté en el tuit de @Pocheflor, el hábito ha vuelto pero aún no la ilusión de cuando empecé este blog hace cuatro años. Supongo que forma parte de nuestra evolución como personas y del momento que estamos atravesando. Me preocupa, pero sigo adelante, sin pensarlo mucho, soltando, intentando no controlar la situación y esperando que se controle sola. Aunque, como siempre digo, voy a días.

Leo Autoras


De momento, este mes de octubre he querido rendir mi humilde y particular homenaje a la iniciativa Leo Autoras Octubre. Las cuatro lecturas elegidas tienen que ver con mujeres que hablan de otras mujeres. Unas buscan el sentido a su vida desde una perspectiva feel good; otras son personas corrientes que influyen en los demás de manera extraordinaria; muchas luchan por conseguir lo que se proponen a pesar de todo; y algunas nos sentimos diferentes entre la multitud.

Noviembre de vida sencilla


Estoy pensando hilo común para las lecturas del mes de noviembre. Me apetece infinito empezar a leer en inglés (ya leí este, por ejemplo) y, en concreto, me apetece este libro. Además, quiero seguir profundizando en libros que completen el apartado de vida sencilla del blog y hace poco descubrí a Alain de Botton, así que posiblemente el próximo mes de noviembre estaré leyendo libros sobre vida consciente.

Estoy deseando empezar.

10 de octubre de 2017

[9] Crisis lectora, ¿he dejado de conectar con la lectura?

La última entrada de mi blog estaba fechada a principios de mayo. Desde entonces, apenas he leído cuatro libros. Ya os hablé en la newsletter "Lo que mis lecturas dicen de mí" que cuando no leo es porque algo me preocupa y, a pesar de que no me ha pasado nada grave estos cinco meses, algo ha cambiado en mi vida.

El pasado mes de mayo cambié de trabajo y ahora mi horario laboral es aquel que me depara el día. Tengo hora de entrada pero no de salida y normalmente pasa mucho tiempo entre esos dos hitos diarios. Por eso, cuando me subo al tren, mis ojos rechazan automáticamente la pantalla del libro electrónico y, cuando intento leer sobre el papel, no siempre lo consigo.

Me da miedo pensar que he dejado de conectar con la lectura como forma de vida, pero no puede ser eso

Además, en estos meses me ha pasado una cosa curiosa. He empezado muchos libros, muchos, no os podéis imaginar cuántos, pero solo he sido capaz de terminar cuatro. Me da miedo pensar que he dejado de conectar con la lectura como forma de vida. Pero no puede ser eso, porque entonces ni siquiera hubiera leído cuatro. A veces también pienso que quizá me estoy encasillando tanto en un tipo de libro que ya no disfruto con otros. Pero tampoco creo que sea esta la razón.

Por ahora prefiero pensar que el cansancio no me está dejando disfrutar de algo que lleva tres años siendo parte fundamental de mi vida. Siento que me iré rearmando poco a poco, sin obligarme pero con la intuición de que algún día, la lectura será lo primero.

3 de mayo de 2017

La biblioterapia más feelgood de Mónica Gutiérrez (Serendipia)

Hace ya algún tiempo que os vengo hablando de la biblioterapia o el arte de utilizar los libros como un modo de desarrollo y de crecimiento personal. 

Por todos es sabido que los libros tienen múltiples interpretaciones y que, igual que la belleza está en el ojo del que mira, el significado de un texto está en el corazón del que lo lee. Esto, unido a una buena elección en el momento y sitio oportunos, permite que lo que estamos leyendo adquiera todo el sentido dentro de nosotros. Encontramos la pieza del puzzle que buscamos.

Los libros con los que haces biblioterapia dependen del momento personal en el que te encuentres. En los últimos años yo he vivido cambios en el seno de mi familia, he tenido que reinventarme a mí misma, eliminar viejos patrones y encontrar nuevos, crecer con mi pareja y buscar un hueco propio en el que sentirme identificada. Y son muchas las lecturas que me han ayudado en este recorrido.

El mes pasado inauguramos esta nueva sección de biblioterapia con Gemma, del blog Wasel Wasel y, en esta ocasión, tengo el inmenso placer de contar de nuevo con una de las escritoras que más sabe de feel good en la blogosfera literaria y con cuyas novelas (El noviembre de Kate y Un hotel en ninguna parte) he disfrutado de lo lindo. Ella es Mónica Gutiérrez, Serendipia (aquí puedes leer la entrevista que le hice tiempo atrás).

Mónica Gutiérrez (Serendipia): "la literatura feelgood me dio buenas ideas para tomarme la vida con una filosofía más optimista"

 

Una de las cosas que más sorprende cada vez que repaso las estanterías de casa —a menudo en busca de algún volumen escurridizo— es lo mucho que han ido cambiando mis lecturas a lo largo de los años. Supongo que es una característica de quienes hemos crecido con un libro, o dos, o tres, en las manos el percatarnos de que lo que leemos hoy nada tiene que ver con lo que estaba en nuestra mesilla de noche hace 10, 15 o 20 años atrás. No puedo afirmar, sin temor a equivocarme —porque nada es absoluto, ni siquiera la literatura—, que mis lecturas sean de más empaque, de más entidad, o de mayor seriedad lingüística o sintáctica ¿Acaso no eran clásicos los Julio Verne, los Robert Louis Stevenson o los Agatha Christie de mi adolescencia? Pero sí que me atrevo a confirmar, mirando mis lecturas de los últimos años, que la mayoría de lectores nos volvemos exquisitos, exigentes, excéntricos, maniáticos y sofisticados a medida que nos adentramos en la edad adulta y nos pesa la costumbre, la cultura y nuestra (de)formación profesional.

La única constante en mi vida lectora han sido los libros de Historia (de ensayo, investigación, compendio, tesis, etc.) y cierto aborrecimiento por la novela histórica, con excepcionales paréntesis y autores. Pero en el caso de la ficción, reconozco que mis gustos siguen siendo variados. La principal ventaja de tener en casa novelas de tan diverso género es que me permite —como suele ser costumbre de cualquier lector— elegir lectura en función de mi estado de ánimo. Probablemente no ejerza la biblioterapia de manera consciente pero es cierto que la practico: nada mejor que los románticos de principios del XIX para acompañarme en la melancolía; Dorothy L. Sayers, Josephine Tey o Ngaio Marsh para las temporadas de inquietud y poca concentración; Arnold Bennett, Stella Gibbons, P.G. Woodehouse, E.F. Benson, Gerald Durrell, etc. para sentirme a gusto; Ospina para la nostalgia, José C. Vales para aprender, Manuel Rivas para lo inesperado, Shakespeare... Shakespeare siempre, siempre, siempre.

Creo que todos los libros que he leído me han aportado algo, casi siempre riqueza de pensamiento; incluso algunos que tuve que dejar a la mitad porque me resultaban insoportables seguramente me aportaron hastío u horror. Pero aunque la lectura me acompaña en las distintas épocas de mi vida —a veces buenos tiempos, otras, no tanto—, no puedo asegurar que ningún libro en concreto me haya cambiado la vida. Sí que hay lecturas que llevo siempre conmigo, que son parte de mi bagaje sentimental, como Cumbres borrascosas, El señor de los anillos, Cien años de soledad, Matar a un ruiseñor, Orgullo y prejuicio, Alicia en el país de las maravillas, Peter Pan y Wendy, y tantísimas otras, decenas.

Quizás la única excepción consciente de biblioterapia, una elección de encontrar cierto consuelo en los libros, haya sido el descubrimiento del género feelgood. Conocí esta tendencia literaria a raíz de leer a Arnold Bennett, Jerome K. Jerome, E.F. Benson, Saki, etc.; conecté al instante con sentido del humor, tan british, y con el encanto, a menudo excéntrico, de sus prosas, de la ligereza de sus tramas y personajes, en una época en la que Virginia Wolfe o D. H. Lawrence eran ejemplo de la excelencia literaria. Ellos habían sido precursores involuntarios, junto con otros autores, de un género literario que habría de florecer durante la Segunda Guerra Mundial de la mano de D.E. Stevenson, Barbara Pym, A.G. MacDonell, James Herriot o Delafield, entre muchos otros. Y no es casualidad que en una época de gran dificultad y dolor como esta los lectores escogieran leer feelgood: necesitaban evadirse, pasearse durante unas horas por paisajes más amables y pacíficos. Tampoco fue casualidad que hiciese mis primeras incursiones en este género en un momento de profunda crisis personal y profesional.

Todo lo que leí en aquella época, y que sigo disfrutando ahora, no contribuyó a cambiarme pero sí que me dio sosiego y buenas ideas para tomarme la vida con una filosofía más optimista. Cualquier lector que se mantenga atento a los detalles sabe leer entre líneas los mensajes del Universo.

Si necesitas un respiro del ruido, de las malas noticias, del horror, de las preocupaciones, de los problemas, del dolor, de la enfermedad... Te recomiendo feelgood. Es cierto que debemos luchar cada día para mejorar nuestro mundo y el de quienes nos rodean, pero también necesitamos descansar y para eso nada mejor que el oasis de paz que te proporcionará un libro feelgood. Entre nosotros, en confidencia y voz bajita, ahora que nadie nos lee, te dejo una pequeña lista con algunos de mis libros feelgood de biblioterapia:
  • El libro de la señorita Buncle, de D.E. Stevenson
  • Flores para la señora Harris, de Paul Gallico
  • Trilogía de Corfú, de Gerald Durrell
  • Mr. Rosenblum sueña en inglés, de Natasha Solomon
  • La librería ambulante, de Christopher Morley
  • Un abril encantado, de Elizabeth von Arnim
  • Una temporada para silbar, de Ivan Doig
  • La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey, de M.A. Shaffer
Más información sobre feelgood en Serendipia
Para otros títulos de no ficción, serendipia.monica@gmail.com

5 de abril de 2017

Biblioterapia con Gemma, del blog Wasel Wasel

Hace semanas que os vengo hablando de la biblioterapia. Para los que aún no hayáis oído hablar del tema tenéis toda la información aquí pero básicamente consiste en utilizar los libros como un modo de desarrollo y de crecimiento personal. Cada uno de ellos, bien elegidos, me sirven para profundizar y reflexionar acerca de varios aspectos de mi vida y entender, entenderme.

Los libros con los que haces biblioterapia dependen del momento personal en el que te encuentres. En los últimos años yo he vivido cambios en el seno de mi familia, he tenido que reinventarme a mí misma, eliminar viejos patrones y encontrar nuevos, crecer con mi pareja y buscar un hueco propio en el que sentirme identificada. Y son muchas las lecturas que me han ayudado en este recorrido.

En este post, y en otros que iré publicando más adelante, he querido conocer cómo es la relación con los libros de otras personas y qué libros han influido de tal manera en ellas que han supuesto un antes y un después en cuanto a desarrollo personal.

La primera invitada es Gemma, del blog Wasel Wasel. Ella se define como "crafter minimalista enamorada del papel y lo analógico. Me encanta tejer, viajar y escaparme a la naturaleza siempre que puedo... Aquí [su blog] comparto mi pasión por un estilo de vida sencillo y cómo organizarte mejor para tener más tiempo libre". Gracias a ella yo he leído libros que me han servido de tanto como La magia del orden, de Marie Kondo, y The little book of contentment, de Leo Babauta. Sin más, os dejo con su reflexión.

Gemma, de Wasel Wasel: "me encanta leer para 'viajar' a otros mundos"



Me encanta leer. Soy de esa clase de lectoras que puede estar perfectamente leyendo una novela y al día siguiente un ensayo sobre religiones de las que nunca ha oído hablar. Con esto quiero decir que me encanta leer para “viajar” a otros mundos, pero también para aprender. No podría decir que tenga un género favorito, simplemente me siento atraída por un tema en concreto y entonces leo muchos libros relacionados. Además, ni siquiera tengo una lista de libros que quiero leer, porque aunque tenga libros pendientes siempre surge algún otro por medio y termino saltándome esa lista.

Aprendí a leer por mi cuenta antes de ir al colegio (con periódicos y libros que había en casa) y siempre ha sido una de mis pasiones. Era una niña de esas que pide libros en lugar de juguetes y muñecas, y el librero de mi barrio me dejaba pasar tras el mostrador para que eligiera los libros que más me gustaran. Los libros son como cofres del tesoro: por fuera son bonitos, pero dentro… no sabes lo que te puedes encontrar, quizá una aventura que te haga soñar, o una enseñanza que te cambie la vida. ¿Quién no siente emoción antes de empezar una nueva lectura?

Tengo mis rituales para leer. Por ejemplo, nunca me verás leyendo una novela en el trasporte público o en sitios con ruido y gente, porque no me concentro. Me gusta tener tranquilidad para poder absorber la información y reflexionar sobre lo leído. Así que leo en casa, en la cama o cuando estoy tranquila en el parque. Leo muchísimo en mi ebook, puesto que no quiero acumular libros en casa (no suelo releer y creo que los libros deben servir para contar historias, no para coger polvo en un estante) y mi volumen de lectura es alto. También voy a la biblioteca a por libros más específicos, como manuales, etc. Eso sí, haga lo que haga, todos los días saco un ratito para la lectura, aunque solo sea para leer un par de páginas.

Respecto a libros favoritos, creo que tengo bastantes. Cada año podría sacar varios de todos los que leo, pero sin duda hay algunos que me han marcado. No considero que sean tampoco los mejores libros del mundo, simplemente son libros que llegaron a mí en el momento preciso y me tocaron de alguna manera. Por ejemplo, recientemente leí Los viajes de Júpiter, de Ted Simons y fue realmente inspirador. ¿Qué tiene que ver un viaje alrededor del mundo en moto conmigo? Yo también pensaba que nada. Pero me enseñó que podemos conseguir casi cualquier cosa que nos propongamos, por muy épica y disparatada que parezca. Y sobre todo que podemos conseguirlo estando solos, sin necesidad de que nos acompañen otras personas en el camino. Es un libro muy bonito, más de autoconocimiento que de viajes, aunque también me ayudó a conocer diferentes culturas de nuestro planeta.

En cuanto a novelas, tengo debilidad por Murakami. Me fascina casi todo lo que escribe, me quedo sin palabras intentando imaginar todo su universo, lo que tiene en su cabeza para poder contar esta clase de historias. 1Q84 me dejó huérfana cuando la terminé. Es una trilogía que devoras de principio a fin. Y mira que suelo huir de los best-sellers, pero me identifiqué tanto con la protagonista que era como leer sobre mí en ciertos momentos. Al fin y al cabo supongo que eso es lo que nos quieren hacer sentir los autores: que podríamos ser nosotros embarcados en una aventura.

Pero si hay un libro (si es que puede llamarse así), que ha cambiado mi forma de ver el mundo y de actuar, ése es The little book of contentment, de Leo Babauta. En realidad es un mini libro gratuito que se puede descargar desde la propia página de este autor. Es el único libro que siempre está en mi ebook y que releo al menos un par de veces todos los años. Cuando me embarqué en el minimalismo todo era un poco confuso. A veces tenía la sensación de no saber muy bien qué esperaba conseguir. Y ahí fue cuando este libro llegó con su ayuda. Tanta sabiduría para la vida en tan pocas páginas, me encanta. Es difícil ser minimalista en este mundo, pero leer The little book of contentment siempre me hace abrir la mente y redefinir qué es lo importante (y lo mejor, cómo conseguirlo, cómo abordarlo). ¡No puedo hablar más de él sin que lo leáis!

Siempre intento transmitir a los demás lo especial que es leer un libro. La cantidad de posibilidades que nos ofrece entre sus páginas. Alguien que no lee, ¡no es de fiar! Jajajaja. Espero que lleguen muchas nuevas historias a mis manos y que pueda seguir disfrutando de ellas y compartiéndolas con otras personas como yo.

Mil gracias por participar Gemma, y ser la primera.

17 de marzo de 2017

[8] Biblioterapia o cómo me encuentro a mí misma a través de los libros


El significado de un libro está en el ojo del que lee

Llevo tiempo sintiendo que los libros me sirven como terapia. De hecho, antes de saber lo que he descubierto esta semana, a este fenómeno yo lo describía como “libroterapia” y lo definía como “la capacidad de los libros para el autoconocimiento y el crecimiento personal”.

Sin embargo, como ya me pasó con las novelas feel good, he descubierto que existe un término correcto que define esa acción de entenderme a mí misma a través de los libros: biblioterapia. Este término todavía es poco conocido aquí en España pero en otros sitios europeos es un viejo amigo.

Y, ¿en qué consiste, básicamente, la biblioterapia? Pues consiste en utilizar los libros como un modo de desarrollo y de crecimiento personal. Cada uno de ellos, bien elegidos, me sirve para profundizar y reflexionar acerca de varios aspectos de mi vida y entender.

El significado de un texto está en el corazón del que lo leeEsto, unido a una buena elección en el momento y sitio oportunos, permite que lo que estamos leyendo adquiera todo el sentido dentro de nosotros

Este hecho ha dado como resultado que la etapa de mi vida en la que más he aprendido sobre mí y sobre el mundo que me rodea es aquella en la que la lectura ha jugado un papel importante dentro de mi vida diaria.

Es sabido que los libros tienen múltiples interpretaciones y que, igual que la belleza está en el ojo del que mira, el significado de un texto está en el corazón del que lo lee. Esto, unido a una buena elección en el momento y sitio oportunos, permite que lo que estamos leyendo adquiera todo el sentido dentro de nosotros. Encontramos la pieza del puzzle que buscamos.

¿Os ha pasado algo así alguna vez? A mí infinidad de veces en los últimos años. Los libros que están en mi top 10 han llegado tan alto porque tienen significado para mí en el momento de mi vida en el que los leo. Puede que no sean los más vendidos, ni los más sesudos, ni los más conocidos pero tienen sentido en mi contexto.

Por eso os decía hace unas semanas que mi lista de lecturas dice mucho de mí, más de lo que jamás podrá saber nadie. Increíble el poder de los libros, ¿verdad?

24 de febrero de 2017

[7] Lo que mis lecturas dicen de mí


Probablemente vosotros no lo sabréis pero cuando no leo o leo poco es porque algo me preocupa. Por ejemplo, el verano de 2015 sufrí un bajón existencial profundo y el resultado fue dos libros leídos en junio y julio, a pesar de que suelo leer cuatro de media al mes. El mismo descalabro se puede ver en febrero de 2016 o en julio de 2014. Cuando me pasan estas cosas, no puedo leer. No me concentro.

Indagar en mi lista de lecturas es como leer el futuro en las hojas de té que quedan en el fondo de una taza, pero al revés. Gracias a ellas puedo volver al pasado y recordar qué pensaba o qué me pasaba en determinado momento. Por ejemplo, a finales de 2016 y principios de 2017, leí mucho (y no solo libros) sobre la muerte. Y hubo una época en 2015 en la que el cuerpo solo me pedía literatura feel good. Va por rachas.

No concibo mi vida al margen de los libros que leo. Somos ellos y yo en un proceso de evolución continua. Ellos forman parte de lo que me ronda por la cabeza en ese momento y muchas veces son los responsables de que vengan otras.

Por lo general, aunque piense que un libro que encuentro lo he buscado yo, creo que en realidad es él quien me ha encontrado a mí. Habréis tenido esa sensación muchas veces: enredando por ahí ves algo que no está mal pero lo dejas pasar (si fuera importante para ti en ese momento, lo habrías apuntado, guardado en la lista de favoritos o tu cabeza no lo hubiera olvidado, sin más). Un tiempo después, eso mismo aparece como por arte de magia y ya te has enamorado.

Otros libros llegan sin esperarlo. De hecho, solo los hojeas por curiosidad y cuando despegas los ojos de las páginas es porque tu vejiga te reclama. Pero, ¿ha pasado ya una hora? Sí, aunque te hayan parecido cinco minutos.

Mi lista de lecturas también dice que leo lo que me da la gana. No hay un patrón. Lo mismo escojo a un autor más clásico que a alguien que no conoce ni perri. Hace tiempo que dejé de leer lo que los demás pensaban que era lo correcto. Hubo momentos en que incluso me avergonzaba de leer esto o aquello, pero eso era lo mismo que avergonzarme de la persona que era. Ya no. Escojo agradeciendo todas las posibilidades que tengo frente a mí pero siguiendo siempre mi intuición.

Lo que no me convence en las primeras páginas lo dejo y pruebo con algo que conecte más conmigo en este momento. Quizá el turno de ese libro llegue dentro de un tiempo o quizá ya se le pasó o incluso no llegue nunca.

#Leyendo


El ejemplo más reciente de cómo mis lecturas me definen es este mismo texto. Llevaba mucho tiempo pensando en escribir algo así pero mi parte más racional me decía que me encontraba en una época de secano en cuanto a escritura. Sin embargo, las primeras páginas de El gozo de escribir, de Natalie Goldberg, me han animado a hacer una escritura automática de lo que me rondaba en esta cabeza que tengo. Y ha salido esto.

Mi lista de lecturas es lo que siento en cada momento de mi vida. Variable como yo. Curiosa. Cambiante. Pluma.

16 de enero de 2017

[6] Autores nipones, muerte y la búsqueda del sentido de la vida

La mayor parte de los libros de autores japoneses que he leído hasta el momento hablan de la muerte y, a la vez, de las cuestiones que más felices nos hacen en la vida como el amor, la familia y la amistad. ¿Paradójico o complementario?

Hoy, que es el tercer lunes del mes de enero y que se supone que es el día más triste del año o Blue Monday, me apetece hablar de ello. Llevo ya tiempo rondando que tenía que reunir en una sola entrada todo lo que los libros de autores nipones me han hecho rumiar y que he dejado desperdigado por el blog.

Empezaré por esta reflexión que escribí en la reseña de Kokoro, de Natsume Sōseki: “A pesar de que no hay nada que me pueda gustar más que una novela feel good, cuando abro un deprimente libro japonés sé que me va a gustar mucho. Lo achaco a las reflexiones sobre la vida y aspectos tan trascendentales como la amistad, la familia o el amor que acostumbran a hacer. Me encanta pensar sobre esas cosas; me chifla, lo reconozco”.

Y es que los personajes metafóricos de todas las novelas niponas que he leído hasta el momento son la tristeza, el sueño, el suicidio o la muerte. Las páginas de estos libros transcurren envueltas en un halo onírico y misterioso e incluso en ocasiones en estados de inconsciencia o fenómenos paranormales.

Recuerdo que hace unos años, para relajarme antes de dormir, estaba escuchando una grabación que alguien me pasó. Fui aflojando todos los músculos tal como me indicaba la locutora hasta que me quedé frita. O eso pensaba yo. El audio siguió y, en un determinado momento, a la mujer de detrás de mis auriculares se le ocurrió decir que dormirse es como una pequeña muerte diaria y mi cerebro dijo: ¿Cómo, qué? Y me desperté sobresaltada.

Tener una razón para levantarnos todas las mañanas


Anécdotas aparte, en estos libros aparentemente pesimistas, es una constante la búsqueda de la identidad y de la felicidad. Lejos de ser textos tristes o deprimentes, arrojan reflexiones para los que se quedan y apuestan por la vida, a pesar de las dificultades.  Son novelas escritas para los que creen en el amor, en la amistad y en la existencia en general.

Todo esto me quedó más claro si cabe cuando leí Los amigos, de Kazumi Yumoto, un libro que tiene por subtítulo: “Una novela sobre la muerte que defiende la alegría de vivir”. Lo que necesitamos es encontrar una buena razón para levantarnos todas las mañanas, como le pasó al abuelo moribundo de esta novela de Yumoto. El problema es que, a pesar de que las estadísticas indican que el bienestar actual es, con mucho, mejor que nunca, hay una fuerte deshumanización.

Y es esta palabra, deshumanización, una de las que mejor retrata el ambiente que se recrean en las novelas japonesas. Somos muchos, cada uno a nuestras cosas, y nos sentimos solos y perdidos. Eso le pasa a la protagonista de Estupor y temblores, de Amélie Nothomb, un relato espeluznante de cómo “trabaja” la sobre-jerarquizada sociedad japonesa.

Aprendiendo más acerca de la muerte


Por tanto, volviendo a la pregunta que me hacía al principio: entre la muerte y la búsqueda del sentido de la vida: ¿paradójico o complementario? Para mí, es totalmente complementario. No se puede entender la una sin la otra pero puede que una de las cuestiones en las que tengamos que trabajar es en aprender más acerca de la muerte, tratada como un tema tabú y oscuro. ¿Por qué no nos interesarnos más sobre ella? Porque da miedo. Sí, lo sé, a mí también, pero igual es por eso por lo que me produce una gran curiosidad y leo estas novelas de autores japoneses.

No puedo acabar sin recomendar algunos de los trabajos de Elisabeth Kübler-Ross, una psiquiatra que estudió casos de personas en coma que finalmente sobrevivieron y que hizo un amplio seguimiento de moribundos. Yo me estoy iniciando en el tema con ella. Aviso: sus conclusiones pueden chirriar, y mucho, con las creencias actuales que tenemos. Hay que adentrases en ellas con la mente abierta y, en la medida de lo posible, sin prejuicios. Luego cada uno que se quede con lo que más le convenga. Yo siempre lo hago así.

30 de septiembre de 2016

[5] El feel good me encuentra de nuevo, lectura top 10 y mientras que la música dure


¿No os ha pasado nunca que cuando aprendes un término nuevo lo ves después por todos lados? No sé exactamente la razón de este fenómeno, aunque probablemente sea porque desde ese momento eres consciente de que “eso” existe. Con lo cual, el verdadero “clic” está en el momento en que descubrimos que esa palabra, expresión, o lo que sea, nos interesa.

Como ya os comenté la semana pasada, yo hallé el término feel good hace apenas un par de semanas después de algún tiempo sabiendo que algunas de mis novelas favoritas tenían cosas en común que no me encajaban en ningún género en particular.

Después de este descubrimiento, hice una lista con novelas que encontré clasificadas como feel good y comencé a leer. Me decidí primero por La librería de los finales felices, de Katarina Bivald, un libro del que, por cierto, estoy sacando muchísimas recomendaciones interesantes. Y, fijaos como es la cosa que, cuando iba por la mitad de la novela, más o menos, me encontré esto:

“La gente solía pensar que las novelas feel good eran historias felices y banales, pero una auténtica feel good no se merecía ese nombre si no contaba con un par de asesinatos, accidentes, catástrofes y fallecimientos […] De lo que se trataba era de que no terminaran mal. Eran libros que uno acaba con una sonrisa, libros que hacían pensar que el mundo estaba un poco más loco, raro y bonito cuando levantaba la mirada de sus páginas”.

Casualidad o no, me topé con una nueva definición de novela feel good que no esperaba y que ahonda un poco más en alguna de las características del género: en los libros feel good también pasan cosas malas. Por ejemplo, entre las que yo os recomiendo en el blog hay personajes que sufren enfermedades duras, otros pierden familiares o amigos, algunos sufren separaciones o incluso hay quienes experimentan crisis de identidad. Pero en todos esos libros, sin excepción, el personaje trabaja tanto para salir adelante que la historia siempre termina bien.

Mi inmersión en el género también me ha llevado a leer esta semana una de los libros que va directo a mi top 10 de este año: El noviembre de Kate, de Mónica Gutiérrez, una novela entrañable en la que hay elementos dramáticos, por supuesto. En este caso, Kate, la chica del pelo esponjoso, las bufandas largas de colores y los zapatos de bruja buena, tiene que deshacerse del caparazón que la envuelve para protegerse de un jefe déspota, un trabajo mecánico, una familia que la ignora y un corazón dolorido que no le permite disfrutar de las pequeñas cosas de la vida.

Lo bonito de esta novela y de las demás del género, o por lo menos lo que más me gusta a mí, es que vas viendo la evolución del personaje, progresivamente: sus dudas, sus problemas, sus esfuerzos, sus decisiones,… Y, al final, nos encontramos con alguien que ha comprendido la situación, que ha evolucionado y que ha mejorado su versión. Fijaos que no me refiero a “persona nueva” porque eso implicaría que se obvia el proceso de aprendizaje por el que pasa, que en realidad es lo más importante.

Entrevista a Mónica Serendipia


Para la semana que viene tengo más feel good porque os adelanto que me puse en contacto con Mónica Gutiérrez (Serendipia) para saber si ella me respondería a unas preguntas acerca de El noviembre de Kate y de las novelas feel good y me dijo que ¡por supuesto! Así que comenzaré octubre publicando esta entrevista en la que, de nuevo aprenderemos muchas cosas sobre el género feel good.

Un adelanto: ¿Sabíais que los años dorados de la literatura feel good fueron durante la segunda mitad del siglo XX, coincidiendo con la II Guerra Mundial? Para contrarrestar la angustia del día a día de la población civil, para ofrecer a los lectores cansados y a menudo asustados, un rato de evasión y entretenimiento con un libro en las manos empezaron a publicarse una serie de novelas de ficción que descartaban el realismo y la gravedad.

#ColectivoDetroit


Esta semana he participado en mi segundo reto del #ColectivoDetroit, que consistía en escribir algo mientras durara la música de entre cuatro canciones escogidas por mí. Al terminar la lista de reproducción, se acababa el tiempo de escritura. Y esto es lo que me quedó: una declaración sin respuesta…

#Leyendo


Esta semana, como ya os he dicho, terminé El noviembre de Kate y ahora estoy rematando también La librería de los finales felices. Todavía no sé por dónde voy a tirar después, así que la semana que viene os contaré… Lo que sí os puedo decir es que en La librería de los finales felices estoy encontrando muchas recomendaciones y tengo ganas de leer algo de Moa Martisson. ¿Os suena?

PD


Me gustaría introducirme en el mundo editorial primero como lectora profesional. ¿Alguien que pueda asesorarme en el tema? Mil gracias.


23 de septiembre de 2016

[4] Adiós verano, novelas feel good y #ColectivoDetroit


El adiós al calor y la llegada de unas cuantas jornadas algo más frescas esta semana me ha avivado las ganas de leer. El frío me recoge después del despelote de la etapa estival y la lectura me arrulla y me da el calor que se llevan progresivamente los últimos coletazos del verano.

Estos días también he sentido la nostalgia de encontrar uno de esos libros que tanto me gustan, esos sobre historias en las que hay libros, hay amor o hay una persona que cambia su estilo de vida (o todo junto). Ya sabéis a qué me refiero: Brooklyn Follies, de Paul Auster; Canciones de amor a quemarropa, de Nickolas Butler; Los interesantes, de Meg Wolitzer; Olivia o la lista de los sueños posibles, de Paola Calvetti; La librería de las nuevas oportunidades, de Anjali Banerjee,…

He brujuleado mucho en busca de nuevos tesoros que mantengan vivas las constantes vitales de mis lecturas, y he encontrado algo que llevaba tiempo sabiendo que existía, pero a lo que no le había puesto nombre. Tampoco era necesario, porque alguien ya se lo había dado por mí.

El caso es que todas las novelas que os he puesto antes como ejemplo las podemos reunir juntas en un nuevo género que lleva vivo ya algún tiempo y del que he encontrado registros en Google desde el año 2013. Se trata, tatatachán de las novelas feel good.

Feeling good


Para mí, las novelas feel good son aquellas en las que un personaje con una actitud fuerte y positiva ante la vida, se enfrenta a un reto y consigue salir victorioso. El final, desde luego, es feliz, pero lo es porque el personaje va evolucionando y buscando para que así sea. Además, son libros en los que se respira positivismo, posibilidades, amor, amistad, familia y bonitismo.  Otra característica fundamental son los lugares en los que pasa todo, sitios de ensueño por los que cualquiera querría pisar.

De las que he leído y os he puesto como ejemplo, creo que por ahora la que más se aproxima a esta descripción es La librería de las nuevas oportunidades, de Anjali Banerjee, en la que Jasmine, la protagonista, es una mujer de negocios que decide trasladarse al sitio en el que se crió, Shelter Island (Seattle), tras divorciarse para encargarse durante un mes de la librería de su tía Ruma. En este libro hay un personaje fuerte, hay actitud positiva, hay un reto, hay posibilidades, hay amor, amistad, familia y un lugar ideal en el que instalarse: la librería de la tía Ruma (ya dije en la reseña que gustosamente me quedaría a vivir allí).

El descubrimiento de este género me ha alegrado mucho porque ahora sé dónde buscar cuando necesite una dosis de feeling good. Y tengo una lista enorme, por cierto. He empezado por aquí: El noviembre de Kate, de Mónica Gutiérrez y La librería de los finales felices, de Katarina Bivald. Y luego tengo pensado seguir por este otro lado: El hostal de las ilusiones, de Debbie Macomber; Clara y las abuelas canguro, de Tania Kratschmar;…

#Leyendo


La semana pasada terminé Un monstruo viene a verme, de Patrick Ness, la primera hornada de deberes de la tercera temporada del Club de Lectura de Parla Este. A pesar de que en un principio no estaría entre mis favoritos principalmente por el género (juvenil, fantasía), me ha parecido un cuento fluido, entretenido y con una historia reveladora: “Las historias son lo más salvaje de todo […] Las historias persiguen y muerden y cazan”. El día 7 de octubre se estrena en cines la película, que ha dirigido Juan Antonio Bayona.

Un monstruo viene a verme es el libro 22 de mi reto de 45 (que es muy probable que no termine con éxito este año). Había empezado a leer un libro de relatos de Doris Lessing, Relatos africanos y la verdad es que el primero me ha gustado mucho pero los libros de relatos no acaban de engancharme. Cuando le cojo el punto a la historia, termina y tengo que volver a situarme y no siempre lo consigo.
Así que ahora estoy, como os he dicho, a dos manos con mis nuevas novelas feel good de las que pronto tendréis noticias y algo más...

#ColectivoDetroit


Esta semana he participado en mi primer reto del #ColectivoDetroit, que consistía en escribir algo sin utilizar una de las vocales. Mi texto no lleva la letra A pero no me salió muy largo y en ocasiones es raro. Es muy difícil encontrar lo que quieres decir y si, encima, le quitas una de las letras más importantes del abecedario, pues ya me diréis.

De todas formas, es legible, así que aquí la entrada "Ser de", donde también podéis encontrar más información del Colectivo Detroit. En Twitter buscad por #ColectivoDetroit.

#Tuit


El tuit de esta semana, es una imagen. ¡Bienvenido!

Además...

9 de septiembre de 2016

[3] Fin del verano, serie “Lecturas ligeras” y ¿San Google?

Este verano he sufrido una sequía lectora. Me pasa en épocas en las que me busco mucho a mí misma porque no tengo claro hacia dónde me dirijo (excepto la aventura belga en coche, claro). Además, en estos meses sentí que me apetecía leer cosas como para no pensar demasiado, y lo que hice fue preguntarle a Google por “lecturas de verano 2016”.

Me doy cuenta de que últimamente le pregunto mucho a Google pero, reconozcámoslo, es que tiene respuesta a todo. Lo malo es que la calidad de las respuestas a veces deja mucho que desear y, entonces, la hemos liado.

Exactamente eso es lo que pasó. Revisé varias listas de libros para el verano que compartían títulos como Instrumental, de James Rhodes; el nuevo de Jöel Dicker (del que me leí La verdad sobre el caso Harry Quebert en 2014); La chica del tren, de Paula Hawkins; … Sumando aquellos que ya había leído y otros que no me llamaban la atención, fui a parar a una serie de una escritora súper joven que empezó a escribir en Internet, que es lo que realmente me llamó la atención. Y fui a parar a After, de Anna Todd.

A pesar de que lo que quería era distraerme con cualquier cosa, esta primera lectura no cumplió su cometido. ¿Lectura ligera de verano? Pues no creas, es más pesado de lo que parece a pesar de ser una novela de niñatos adolescentes porque hay muchas situaciones desagradables e indignantes. Me ha recordado mucho a Cincuenta sombras de Grey: la chica inocente y el tío listo y guapo influyente y dominante.

Mejoró bastante la cosa con Paulina y Jean Pierre y con esa historia de amor tan romántica (que no pastelona) en un escenario tan idílico como París. Alguien como tú, de Xavier Bosch, ha sido, sin duda, la novela de este verano con la que más he disfrutado.

La última de las lecturas ligeras la protagoniza una mujer de carácter del siglo XXI que, de buenas a primeras, hace un viaje hacia atrás en el tiempo hasta la Escocia del siglo XVII. No, no se trata de Outlander, no, sino de Te esperaré toda mi vida, de Megan Maxwell, de quien no había leído nada hasta el momento y que, si bien no me entusiasmó, sí que tiene uno de mis  requisitos imprescindible de buenas lecturas: el dónde transcurre la acción. Gracias a este libro he logrado averiguar un poquito más acerca de Escocia y a plantearlo como un posible nuevo destino.

#Leyendo

Ahora ya estoy enredada con las tareas del Club de Lectura. Un monstruo viene a verme, de Patrick Ness, me parece una historia prometedora y, por el momento, me tiene bastante intrigada. Dentro de poco, reseña.

Sobre los próximos pasos, no lo tengo claro. Hace un par de semanas me llegó un correo electrónico de una autora novel de escritura romántica que se llama Chris Torrent en la que me hablaba de su novela, Enlighten me (Ilumíname), y estoy pendiente de echar un ojo a este libro.

#Bonus track

El bonus track de esta semana, no podía ser de otra manera, es para el estreno el día 16 de septiembre de la tercera entrega de Bridget Jones. Estoy deseando ir al cine para verla.

22 de enero de 2016

[2] Blue monday, introspección y reflexiones

Parece ser que el pasado lunes (18 de enero) fue el día más triste del año. Los angloparlantes lo llaman el blue monday y sucede el tercer lunes cada mes de enero. Estos días de frío, lluvia y cielo gris invitan, no ya tanto a la tristeza total y absoluta, sino más bien a cierta apatía, introspección y reflexión. Así lo sentía hace un año, cuando reseñé la novela de Murakami, Tokio Blues, y así lo siento hoy.

De este libro me quedo con una reflexión que dejé grabada en el post de aquel día: "Todos nosotros somos seres imperfectos que vivimos en un mundo imperfecto. Y no debemos vivir de una manera tan rígida, midiendo los ángulos con un transportador como si la vida fuera un depósito bancario. ¿No te parece?".

Cierto, somos imperfectos y, cuanto antes nos demos cuenta, antes empezaremos a disfrutar de nuestra vida, como quiera que sea. Hace unos días hablaba con unos compañeros del trabajo y me decían: esto de emprender y dejar el trabajo aburrido es más fácil si no tienes cinco bocas que alimentar. Y tienen razón. Probablemente los mensajes de romper con todo, de hacer lo que te gusta, de encontrar el trabajo de tus sueños, sean más para aquellos que mejor se lo puedan permitir, como siempre.

Pero lo que yo quiero decir, sin ponerme en plan coach, es que tampoco hace falta romper con todo si no es el momento ni el lugar. Pero, lo que sí podemos hacer es sonreír en un día que se nos hace cuesta arriba. Para eso no se necesita mucho. Simplemente pensarlo, y exteriorizarlo. También te digo que, si un día no te sale y estás triste, enfadado o simplemente apático, tampoco tienes por qué hacerlo. Somos imperfectos, recuerda, y entonces, será más fácil.

Alguien


Y después de este speech que me he marcado (lo siento, tengo cierto complejo de predicadora :), me gustaría hablarte brevemente de un libro que estoy acabando que se llama Alguien, de Alice McDermott (que reseñaré en unos días), recomendado, como tanto otros, por Devoradora de libros. El caso es que a diario nos cruzamos con gente, mucha gente, ¿verdad? Gente a la que no le pasan grandes cosas en el día a día. Gente que se levanta temprano, que va a trabajar, que viaja en tren, que come de tupper, que tiene una reunión familiar, que se sienta a leer bajo una manta, que mira la televisión,... acciones cotidianas, todas ellas, que van conformando una vida.

¿Tienen estas personas cabida en una historia, en un libro? Normalmente no encontramos personajes así, ¿verdad? Lo normal es que encontremos personajes a los que les pasa algo, muchas veces, algo tan importante que les cambia la vida. Sin embargo, he aquí la paradoja, la mayor parte de nosotros vivimos en una existencia cotidiana, que sin ser relevante para la historia del mundo, va conformando nuestra propia historia.

Pues la vida de Marie, del libro de Alice McDermott, es un poco así, de barrio, pero no deja de fascinarme. Al contrario, es un gusto leer sobre cosas tan normales porque, de esta manera, podemos dejar de idealizar, en un mundo de apariencias como el de hoy, las vidas de los demás, y aprender la importancia que tiene la nuestra con la gente que nos rodea. Por eso, hay que sonreír.

#Leyendo


Para terminar, solo comentaros que estoy acabando el libro de Alguien, y que después comenzaré La casa de papel, de un autor argentino que se llama Carlos María Domínguez. Es un libro que recomendó un compañero del Club de Lectura, bastante cortito, así que espero hablaros de él muy pronto.

#Bonus track


El bonus track de esta semana va para un tuit que me ha encantado. Porque, lectores, ¿a qué lo habéis pensado más de una vez?

15 de enero de 2016

[1] Las razones por las que la lectura es imprescindible en mi vida

Hay muchas razones por las que leo, desde la más práctica: paso más de 10 horas viajando en tren todas las semanas y aprovecho ese tiempo para leer; hasta la más romántica: me gusta vivir muchas vidas en mi propia vida (otro día hablaré de mi pasión de viajar a través de la lectura y de lo que me gusta analizar la psicología de los personajes).

En 2015 conviví con una familia india que tenía un restaurante en Francia; pasé horas en el mundo imperfecto de personajes imperfectos de Murakami; me emocioné con la rebeldía pausada de una criada negra que escribió un libro sobre blancos en EEUU en los años 60; acompañé a Laura en su viaje por Islandiacompartí duelo con Blanca; he sido la amiga en la sombra de Lila y Lenù; he regentado temporalmente una libreríahe trabajado en los cacaotales de Fernando Poo de la España colonial; y he llorado de alegría cuando Mia despertó del coma.

Lo más emocionante es que cada vez que abrimos un libro nuevo es otra posibilidad

En 2015 hice  esto y mucho más (aquí podéis verlo), y todo ello a través de los libros. Son cosas que en muchos casos nunca me sucederán pero que siento como si fueran mías porque las he sentido y vivido a través de un sinfín de personajes. Y ese es uno de los motivos por los que me encanta la lectura. Porque vivo muchas vidas en una sola.

Lo más emocionante es que cada vez que abrimos un libro nuevo es otra posibilidad, como las que he descubierto en este comienzo de año en el El amante japonés, de Isabel Allende (de la que no os podéis perder el recuadro de curiosidades porque hablo de algo muy oscuro de la Segunda Guerra Mundial que se conoce muy poco: los campos de concentración de japoneses en EEUU); o en la tierna historia de Guille, el protagonista de  Un hijo, de Alejandro Palomas.

Y todas las que nos quedan por vivir


El año nuevo también viene cargadito de novedades y no quería dejar pasar la oportunidad, hablando de Alejandro Palomas, de comentar lo poco que queda para que salga su novela, Un perro, en la que los protagonistas son los mismos que en Una madre, el top 1 de mis lecturas de 2015. Aquí podéis leer ya el primer capítulo y disfrutar de nuevo de Amalia y de Fer.

Además, por si necesitáis más inspiración en la elección de vuestras lecturas, en este enlace podéis leer las recomendaciones de Sweet Paranoia sobre las novedades editoriales de este mes, por si os hace alguna; y en este otro las mejores lecturas de 2015 de Rusta de Devoradora de libros porque muchos de los libros que leeré este año, seguramente, no serán novedades (por cierto, felicidades por esos 6 años).

#FiebreFerrante


Termino preguntándoos si os habéis unido ya a la #FiebreFerrante y habéis leído algún libro de la serie de la #AmigaEstupenda. Este último hashtag está sirviendo en Twitter para unir a todos aquellos que están leyendo esta novela, así que si tú lo estás haciendo, apúntate. Mi objetivo este año es leer, al menos, la segunda parte de esta saga, Un mal nombre.

#Leyendo


A modo de post data, os diré que acabo de empezar con un libro que se titula Alguien, de la escritora Alice McDermott y que, por lo que he leído, es del estilo de Alice Munro. Os contaré muy pronto.

Sin más, hasta la semana que viene. ¡Feliz lectura!

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