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14 de marzo de 2019

[13] Por dónde empezar en la literatura asiática

Este mes de marzo es el mes de la literatura asiática en los canales de Magrat Ajostiernos y he querido unirme leyendo un par de novelas y haciendo algunas reflexiones.

Empiezo por las reflexiones. Haciendo inventario de lo que he leído hasta el momento, la conclusión es que, sobre todo, mis estanterías están llenas de libros japoneses. Hubo un momento hace unos años en que me obsesioné por la literatura nipona y lo contaba aquí debido a que en ese momento empecé a leer mucho acerca de la muerte. Y, si hay una constante en los libros japoneses, esa es la muerte, aunque luego me di cuenta de que, a pesar de la apariencia pesimista, la búsqueda de la identidad y de la felicidad son temas recurrentes: lejos de ser textos tristes o deprimentes, arrojan reflexiones para los que se quedan y apuestan por la vida, a pesar de las dificultades. Son novelas escritas para los que creen en el amor, en la amistad y en la existencia en general.

Además de novelas japonesas, he tenido algún que otro contacto con la literatura china, india y afgana, en menor medida. Por ejemplo, he leído a Amy Tan (china), a Pearl S. Buck (china), a Anchee Min (china), a Khaled Hosseini (afgano) y a Anjali Bernajee (india). Lo que pasa es que todos los libros que he leído de ellos tienen algo en común: el autor refleja un fuerte apego al mundo occidental y, en especial, a los EEUU. Aún así, son lecturas en las que se puede conocer mucho más acerca de la cultura raíz del escritor y son fáciles de abordar.

Con todo esto, ¿por dónde podemos empezar si queremos acercarnos un poco a la literatura asiática? Aquí van mis recomendaciones.

5 de abril de 2017

Biblioterapia con Gemma, del blog Wasel Wasel

Hace semanas que os vengo hablando de la biblioterapia. Para los que aún no hayáis oído hablar del tema tenéis toda la información aquí pero básicamente consiste en utilizar los libros como un modo de desarrollo y de crecimiento personal. Cada uno de ellos, bien elegidos, me sirven para profundizar y reflexionar acerca de varios aspectos de mi vida y entender, entenderme.

Los libros con los que haces biblioterapia dependen del momento personal en el que te encuentres. En los últimos años yo he vivido cambios en el seno de mi familia, he tenido que reinventarme a mí misma, eliminar viejos patrones y encontrar nuevos, crecer con mi pareja y buscar un hueco propio en el que sentirme identificada. Y son muchas las lecturas que me han ayudado en este recorrido.

En este post, y en otros que iré publicando más adelante, he querido conocer cómo es la relación con los libros de otras personas y qué libros han influido de tal manera en ellas que han supuesto un antes y un después en cuanto a desarrollo personal.

La primera invitada es Gemma, del blog Wasel Wasel. Ella se define como "crafter minimalista enamorada del papel y lo analógico. Me encanta tejer, viajar y escaparme a la naturaleza siempre que puedo... Aquí [su blog] comparto mi pasión por un estilo de vida sencillo y cómo organizarte mejor para tener más tiempo libre". Gracias a ella yo he leído libros que me han servido de tanto como La magia del orden, de Marie Kondo, y The little book of contentment, de Leo Babauta. Sin más, os dejo con su reflexión.

Gemma, de Wasel Wasel: "me encanta leer para 'viajar' a otros mundos"



Me encanta leer. Soy de esa clase de lectoras que puede estar perfectamente leyendo una novela y al día siguiente un ensayo sobre religiones de las que nunca ha oído hablar. Con esto quiero decir que me encanta leer para “viajar” a otros mundos, pero también para aprender. No podría decir que tenga un género favorito, simplemente me siento atraída por un tema en concreto y entonces leo muchos libros relacionados. Además, ni siquiera tengo una lista de libros que quiero leer, porque aunque tenga libros pendientes siempre surge algún otro por medio y termino saltándome esa lista.

Aprendí a leer por mi cuenta antes de ir al colegio (con periódicos y libros que había en casa) y siempre ha sido una de mis pasiones. Era una niña de esas que pide libros en lugar de juguetes y muñecas, y el librero de mi barrio me dejaba pasar tras el mostrador para que eligiera los libros que más me gustaran. Los libros son como cofres del tesoro: por fuera son bonitos, pero dentro… no sabes lo que te puedes encontrar, quizá una aventura que te haga soñar, o una enseñanza que te cambie la vida. ¿Quién no siente emoción antes de empezar una nueva lectura?

Tengo mis rituales para leer. Por ejemplo, nunca me verás leyendo una novela en el trasporte público o en sitios con ruido y gente, porque no me concentro. Me gusta tener tranquilidad para poder absorber la información y reflexionar sobre lo leído. Así que leo en casa, en la cama o cuando estoy tranquila en el parque. Leo muchísimo en mi ebook, puesto que no quiero acumular libros en casa (no suelo releer y creo que los libros deben servir para contar historias, no para coger polvo en un estante) y mi volumen de lectura es alto. También voy a la biblioteca a por libros más específicos, como manuales, etc. Eso sí, haga lo que haga, todos los días saco un ratito para la lectura, aunque solo sea para leer un par de páginas.

Respecto a libros favoritos, creo que tengo bastantes. Cada año podría sacar varios de todos los que leo, pero sin duda hay algunos que me han marcado. No considero que sean tampoco los mejores libros del mundo, simplemente son libros que llegaron a mí en el momento preciso y me tocaron de alguna manera. Por ejemplo, recientemente leí Los viajes de Júpiter, de Ted Simons y fue realmente inspirador. ¿Qué tiene que ver un viaje alrededor del mundo en moto conmigo? Yo también pensaba que nada. Pero me enseñó que podemos conseguir casi cualquier cosa que nos propongamos, por muy épica y disparatada que parezca. Y sobre todo que podemos conseguirlo estando solos, sin necesidad de que nos acompañen otras personas en el camino. Es un libro muy bonito, más de autoconocimiento que de viajes, aunque también me ayudó a conocer diferentes culturas de nuestro planeta.

En cuanto a novelas, tengo debilidad por Murakami. Me fascina casi todo lo que escribe, me quedo sin palabras intentando imaginar todo su universo, lo que tiene en su cabeza para poder contar esta clase de historias. 1Q84 me dejó huérfana cuando la terminé. Es una trilogía que devoras de principio a fin. Y mira que suelo huir de los best-sellers, pero me identifiqué tanto con la protagonista que era como leer sobre mí en ciertos momentos. Al fin y al cabo supongo que eso es lo que nos quieren hacer sentir los autores: que podríamos ser nosotros embarcados en una aventura.

Pero si hay un libro (si es que puede llamarse así), que ha cambiado mi forma de ver el mundo y de actuar, ése es The little book of contentment, de Leo Babauta. En realidad es un mini libro gratuito que se puede descargar desde la propia página de este autor. Es el único libro que siempre está en mi ebook y que releo al menos un par de veces todos los años. Cuando me embarqué en el minimalismo todo era un poco confuso. A veces tenía la sensación de no saber muy bien qué esperaba conseguir. Y ahí fue cuando este libro llegó con su ayuda. Tanta sabiduría para la vida en tan pocas páginas, me encanta. Es difícil ser minimalista en este mundo, pero leer The little book of contentment siempre me hace abrir la mente y redefinir qué es lo importante (y lo mejor, cómo conseguirlo, cómo abordarlo). ¡No puedo hablar más de él sin que lo leáis!

Siempre intento transmitir a los demás lo especial que es leer un libro. La cantidad de posibilidades que nos ofrece entre sus páginas. Alguien que no lee, ¡no es de fiar! Jajajaja. Espero que lleguen muchas nuevas historias a mis manos y que pueda seguir disfrutando de ellas y compartiéndolas con otras personas como yo.

Mil gracias por participar Gemma, y ser la primera.

16 de enero de 2017

[6] Autores nipones, muerte y la búsqueda del sentido de la vida

La mayor parte de los libros de autores japoneses que he leído hasta el momento hablan de la muerte y, a la vez, de las cuestiones que más felices nos hacen en la vida como el amor, la familia y la amistad. ¿Paradójico o complementario?

Hoy, que es el tercer lunes del mes de enero y que se supone que es el día más triste del año o Blue Monday, me apetece hablar de ello. Llevo ya tiempo rondando que tenía que reunir en una sola entrada todo lo que los libros de autores nipones me han hecho rumiar y que he dejado desperdigado por el blog.

Empezaré por esta reflexión que escribí en la reseña de Kokoro, de Natsume Sōseki: “A pesar de que no hay nada que me pueda gustar más que una novela feel good, cuando abro un deprimente libro japonés sé que me va a gustar mucho. Lo achaco a las reflexiones sobre la vida y aspectos tan trascendentales como la amistad, la familia o el amor que acostumbran a hacer. Me encanta pensar sobre esas cosas; me chifla, lo reconozco”.

Y es que los personajes metafóricos de todas las novelas niponas que he leído hasta el momento son la tristeza, el sueño, el suicidio o la muerte. Las páginas de estos libros transcurren envueltas en un halo onírico y misterioso e incluso en ocasiones en estados de inconsciencia o fenómenos paranormales.

Recuerdo que hace unos años, para relajarme antes de dormir, estaba escuchando una grabación que alguien me pasó. Fui aflojando todos los músculos tal como me indicaba la locutora hasta que me quedé frita. O eso pensaba yo. El audio siguió y, en un determinado momento, a la mujer de detrás de mis auriculares se le ocurrió decir que dormirse es como una pequeña muerte diaria y mi cerebro dijo: ¿Cómo, qué? Y me desperté sobresaltada.

Tener una razón para levantarnos todas las mañanas


Anécdotas aparte, en estos libros aparentemente pesimistas, es una constante la búsqueda de la identidad y de la felicidad. Lejos de ser textos tristes o deprimentes, arrojan reflexiones para los que se quedan y apuestan por la vida, a pesar de las dificultades.  Son novelas escritas para los que creen en el amor, en la amistad y en la existencia en general.

Todo esto me quedó más claro si cabe cuando leí Los amigos, de Kazumi Yumoto, un libro que tiene por subtítulo: “Una novela sobre la muerte que defiende la alegría de vivir”. Lo que necesitamos es encontrar una buena razón para levantarnos todas las mañanas, como le pasó al abuelo moribundo de esta novela de Yumoto. El problema es que, a pesar de que las estadísticas indican que el bienestar actual es, con mucho, mejor que nunca, hay una fuerte deshumanización.

Y es esta palabra, deshumanización, una de las que mejor retrata el ambiente que se recrean en las novelas japonesas. Somos muchos, cada uno a nuestras cosas, y nos sentimos solos y perdidos. Eso le pasa a la protagonista de Estupor y temblores, de Amélie Nothomb, un relato espeluznante de cómo “trabaja” la sobre-jerarquizada sociedad japonesa.

Aprendiendo más acerca de la muerte


Por tanto, volviendo a la pregunta que me hacía al principio: entre la muerte y la búsqueda del sentido de la vida: ¿paradójico o complementario? Para mí, es totalmente complementario. No se puede entender la una sin la otra pero puede que una de las cuestiones en las que tengamos que trabajar es en aprender más acerca de la muerte, tratada como un tema tabú y oscuro. ¿Por qué no nos interesarnos más sobre ella? Porque da miedo. Sí, lo sé, a mí también, pero igual es por eso por lo que me produce una gran curiosidad y leo estas novelas de autores japoneses.

No puedo acabar sin recomendar algunos de los trabajos de Elisabeth Kübler-Ross, una psiquiatra que estudió casos de personas en coma que finalmente sobrevivieron y que hizo un amplio seguimiento de moribundos. Yo me estoy iniciando en el tema con ella. Aviso: sus conclusiones pueden chirriar, y mucho, con las creencias actuales que tenemos. Hay que adentrases en ellas con la mente abierta y, en la medida de lo posible, sin prejuicios. Luego cada uno que se quede con lo que más le convenga. Yo siempre lo hago así.

19 de enero de 2015

Tokio Blues, de Haruki Murakami


Da la casualidad de que hoy, supuestamente el día más triste del año (el blue Monday), me toca reseñar la novela de un autor que tanto identifico con los días de apatía pero también de reflexión sin los que, a pesar de todo, la vida no podría continuar.

Llevaba ya un tiempo queriendo volver a Murakami. Hace años que leí Crónica del pájaro que da cuerda al mundo y, en aquella ocasión, como en esta, he experimentado esa sensación de adicción al universo que crea el escritor japonés para los lectores.

Y digo adicción porque Murakami es el rey de la melancolía pero tratada de una forma tan sutil, tan fina, tan ligera que te va enredando en la psicología de los personajes y no tienes más remedio que divagar sobre tu existencia a la vez que divagan los personajes que él ha creado para ti, para que te conozcas mejor a partir de ellos.

Tokio Blues es una novela que comienza con el recuerdo que provoca en el protagonista, Toru Watanabe, la canción Norwegian Wood de The Beatles. Este desencadenante le traslada (a él, y también a nosotros) dos décadas atrás, a los años de adolescencia en los que sufre por la sombra de un amor imposible.

Además de los protagonistas con nombre propio de la novela, todos con alguna “tara” emocional, los actores principales de Tokio Blues son la soledad, el alcohol, el sexo y el suicidio. Pero, ojo, que estos términos no te echen atrás porque ellos llevarán a los personajes a un punto de inflexión que deja paso a otras voces más optimistas como el amor o la amistad.

En esta reseña no quiero desvelar mucho sobre el argumento porque creo que merece la pena ir disfrutando con cada momento, con cada personaje, con cada situación, con cada canción y con cada libro. Basta con saber que, a pesar de ser un libro “blue” (en el mundo anglosajón el azul denota tristeza), la búsqueda de la identidad y la felicidad está latente en cada página. Lejos de ser un libro triste o deprimente es una reflexión para los que se quedan y apuestan por la vida, a pesar de las dificultades; para los que creen en el amor y en la existencia.

Como lectora, desde luego, es un regalo disfrutar de una novela tan bien escrita, que te envuelve desde las primeras páginas, que no deseas terminar de leer a pesar de querer continuar avanzando en sus páginas. Además, nos acerca a la cultura japonesa aunque para comparar en condiciones tendré que leer algo de otro autor japonés.

Todos nosotros somos seres imperfectos que vivimos en un mundo imperfecto. Y no debemos vivir de una manera tan rígida, midiendo los ángulos con un transportador como si la vida fuera un depósito bancario. ¿No te parece?

El suicidio en Japón


Una de las impresiones con las que te quedas al terminar el libro de Murakami es que el suicidio es algo recurrente en Japón. Por eso, me puse a investigar por Internet y, efectivamente, la tasa de suicidios entre los japoneses es de las más altas del mundo. Las cifras varían dependiendo del organismo y sus parámetros de medición pero, consultando el último informe de la OCDE, situamos a Japón en el cuarto país que registra más suicidios por detrás de Corea, Hungría y Rusia. En el otro extremo, los que menos tasa contabilizan son Grecia, Turquía, México e Italia.

En Japón preocupan sobre todo los suicidios entre los jóvenes (en 2010 fueron más de un millar), situaciones que se reflejan bien en la novela de Murakami (aunque el libro se sitúa a finales de la década de los 60 y principios de los 70).

Sin embargo, para que no cunda el pánico, recojo aquí una mención a un artículo de japonismo.com en el que se desbaratan de alguna manera los mitos sobre el suicidio en Japón a través de cinco razones:

  1. Japón no es el país con mayor tasa de suicidios del mundo, como ya hemos comentado antes.
  2. Tokio no es la capital del suicidio en Japón. Según datos del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar, la tasa de suicidios es más alta en zonas rurales que en prefecturas con grandes ciudades.
  3. Los suicidas arrollados por trenes no son mayoría sino que el método de suicidio más utilizado en Japón es el ahorcamiento.
  4. La tasa de suicidios, en contra de lo que parece sobre todo por la cobertura mediática, está descendiendo.
  5. Los japoneses no tienen razones diferentes para suicidarse. Los problemas de salud (47,7%) son la principal causa de suicidio, seguidos de los problemas económicos (23,8%), los problemas domésticos (12,2%), los problemas laborales (7,2%), los problemas amorosos (3,1%) y los problemas en la escuela (1,1%).


9 de noviembre de 2014

De qué hablo cuando hablo de correr, Haruki Murakami

Lo primero que sorprende al abrir el libro de Murakami es encontrarse con un señor de casi 60 años que corre maratones y practica el triatlón. Podría ser también que, si eres un corredor habitual, pretendas hallar pautas sobre cómo correr, qué calzado comprar y un sinfín de eventualidades técnicas. Pero si es así ya puedes darte la vuelta.

De que hablo cuando hablo de correr es un ensayo que recoge el sentido de la vida de los corredores de fondo. Y, para concretar aún más, describe el estilo de vida de un escritor que es corredor de fondo por lo que, entre medias, nos topamos con algunos detalles de la existencia de un autor de novelas.
En definitiva, Murakami habla de correr y de escribir y de cómo complementa ambas actividades. Refiere cómo llegó a ser corredor y escritor, su preparación para ambas tareas y lo que cada una de ellas le aporta.

La descripción de sus sentimientos se cuela profundo en el lector, quien acaba comprendiendo el porqué de dedicarse a dos actividades que entrañan tanto sacrificio. El objetivo de Murakami es mantener cuerpo y mente en forma.

Los pasajes anecdóticos de su participación en un ultramaratón y en la carrera de Atenas a Maratón atrapan por lo fiel del relato y la descripción y la capacidad de empatía que despierta en el lector.
Además, sorprende la forma en que acepta que, aun no siendo el mejor corredor de fondo, incluso sin si quiera acercarse a estar entre el selecto grupo de los mejores corredores de fondo, sus motivaciones son otras y tienen que ver con el entrenamiento diario, las carreras, los resultados y… vuelta a empezar. Para todo esto es vital el esfuerzo y la disciplina y crear objetivos y recompensas personales.

Durante todo el relato, dan ganas de calzarse unas zapatillas, montarse en una bicicleta o comenzar a poner en práctica cualquier deporte. Esto sin ser un libro de motivación, que para nada lo es. Simplemente, el lector es capaz de asimilar la importancia de un cuerpo y una mente entrenados.

El epitafio que desea Murakami es “Escritor (y corredor)”.