13 de enero de 2019

[01/2019] La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero

Una de las cosas que más me obsesiona en la vida es saber cómo viven o han vivido otras personas. En realidad, lo que me maravilla es ver la diversidad de posibilidades siendo en esencia, como somos, lo mismo. Pero hay tantas circunstancias, que las combinaciones resultan infinitas y el resultado somos cada uno de nosotros.

Bajo esta premisa y sin saber cómo, llegué a una reseña de La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero. Había una mezcla de palabras que juntas parecían imposibles: libro inclasificable, biografía de Marie Curie, muerte del ser amado, buena muerte, recuerdos personales de Rosa Montero, entre otras, que despertaron mi curiosidad por saber cómo se montaba todo aquello.

Así que el 1 de enero, con los propósitos de año nuevo muy recientes, empecé a leer. Y, a pesar de que algunas partes del libro, sobre todo interpretaciones de la autora, me parecieron un poco alejadas de mí, disfruté con algunas reflexiones, con el relato de la vida de Marie Curie, y con la historia del descubrimiento del radio.

Pero, sobre todo, me dejé llevar en los momentos en los que Rosa Montero habla del dolor de perder a tu compañero de vida y el duelo posterior. A pesar de que, como dice la escritora, este libro no va sobre la muerte, yo no he podido (o no he querido) dejarlo en un segundo plano. Intentar entender la muerte en varias de sus facetas es algo que tiene muy intrigado a mi curiosidad. 

El título del libro, en sí, me parece maravilloso: La ridícula idea de no volver a verte. ¿Cómo puede alguien si quiera imaginar que al día siguiente no podrá ver a su media langosta? No me lo imagino, no cabe en mi cabeza. Y justo es así como describe Marie Curie el momento en que le dicen que su marido ha fallecido:

Entro en el salón. Me dicen: "Ha muerto". ¿Acaso puede una comprender tales palabras? Pierre ha muerto, él, a quien sin embargo había visto marcharse por la mañana, él, a quien esperaba estrechar entre mis brazos esa tarde, ya solo lo volveré a ver muerto y se acabó, para siempre.

Pero después de este primer mazazo, viene el duelo, un duelo del que Rosa Montero dice que vivió como una enfermedad de la que creyó debía curarse cuanto antes después de la muerte de su marido, lo que fue un error. De hecho, ella dice que "la vida es tan tenaz, tan bella, tan poderosa, que incluso desde los primeros momentos de la pena te permite gozar de instantes de alegría [...] Pero, al mismo tiempo, la pena también sigue su curso. Y eso es lo que nuestra sociedad no maneja bien: enseguida escondemos o prohibimos tácitamente el sufrimiento".

Qué difícil es gestionar emociones, y más si se trata de uno de los momentos sin duda más duros del ser humano. Una forma de aliviar el sufrimiento está en lo que decía al principio de esta reseña, en observar de cuántas maneras diferentes vivimos este proceso. No hay más que echar un vistazo a la película de Disney, Coco, por ejemplo, para notar que los mexicanos sienten la muerte de otra manera.

De hecho, hace poco, a través de la cuenta de instagram de una periodista murciana, descubrí un nuevo modelo de negocio que está intentando dar un nuevo sentido a la forma en que se aborda la muerte de un ser querido a través de lápidas homenaje a la persona fallecida. Curioso, sin duda, todavía un poco tabú en nuestra sociedad pero, de alguna manera, proporciona alivio.

Para terminar, a pesar de que me ha quedado una reseña muy asociada a la muerte, he de decir que este libro es también un medio para conocer un poquito la historia de Marie Curie y de su familia, y de cómo consiguió abrirse paso en la elitista sociedad científica de la época.

Me quedo con las reflexiones acerca de cómo, tanto Marie como Pierre Curie, se rindieron ante el descubrimiento del radio y la forma en la que se llegó a utilizar en la época: en pinturas para esferas luminosas de relojes e incluso una lana radiactiva para hacer ropas de bebé con fuente de calor. Por lo visto, este furor por el radio duró tres décadas hasta que en los años 30 del siglo pasado la gente empezó a ser consciente de los peligros de este descubrimiento. Y dice Rosa Montero: "¿No te inquieta pensar cuál será hoy nuestra radiactividad autorizada, qué sustancias legales nos estarán  matando estúpidamente?".

Biblioterapia


Este libro está recomendado para lectores que quieran conocer más acerca de la vida de una mujer científica, adelantada a su tiempo y que tuvo que superar muchos obstáculos, entre ellos la muerte prematura de su marido. Es, un libro que reflexiona sobre la muerte pero también sobre la vida después de la muerte.

Si te gusta este libro, también te gustará...

31 de diciembre de 2018

La villa de las telas, de Anne Jacobs

Todo el año 2018 he deseado leer más y, de hecho, en los últimos momentos del año, retomé este propósito e incluso parecía que iba a volver a ser quien era. Sin embargo, estamos en continuo cambio y, por mucho que lo intente, ahora soy otra. La buena noticia es que los libros siguen y que la lectura como terapia continúa siendo mi mejor medicina.

De momento, he cerrado 2018 con esta lista de libros y, el último de ellos, La villa de las telas, de Anne Jacobs, ocupa el lugar número 16. Estaba en mi wishlist y me lo regaló la media langosta por mi cumpleaños. Lo incluí en la lista de deseos porque en las reseñas que había leído hacían referencia a sus similitudes con Downton Abbey y lo cierto es que disfruté mucho la serie y me apetecía volver a algo así.

Y no me defraudó, aunque echando la vista atrás, creo que le faltan cosas. Me explico. La villa de las telas tiene enredos familiares, una mansión gigante, un plantilla en el servicio que da mucho juego, y un secreto familiar que iremos desenmarañando a lo largo de las más de 600 páginas. Sí, es un libro largo y, sí en las primeras 300 páginas casi no pasa nada. La autora se dedica a presentar a los personajes, a plantear la trama y a despistarnos un poco. Pero no temáis, que no se hace demasiado pesado, a pesar de que hay pasajes que bien se podrían omitir.

Marie es una chica huérfana que entra a trabajar como ayudante de cocina en la mansión de los Melzer. Pronto cae en gracia a la hija pequeña de la familia, Katharina, quien consigue que Marie pase a ser su doncella personal y una aliada en sus "excéntricos" gustos, entre los que destaca su afición al arte.

Si su debut en la casa había sido difícil, su rápido ascenso a doncella personal no le pone las cosas fáciles a Marie con el resto del servicio y tampoco con el señor Melzer, sobre todo, cuando ella comienza a descubrir cosas de su pasado en las que el patrón de la casa está involucrado.

La parte más dinámica y más entretenida de esta novela tiene lugar aproximadamente a la mitad, cuando los protagonistas tienen que desplazarse a París. Entonces es cuando te das cuenta de que has estado leyendo más de 300 páginas por inercia y que, en ese momento, comienza una acción que, en realidad, dura alrededor de unas 100 páginas y luego todo vuelve a ser lo que era: una historia fácil y entretenida a la que le falta movimiento.

Biblioterapia


Este libro está recomendado para lectores que tienen interés en historias del estilo de Downton Abbey. Encontraréis muchos ingredientes parecidos pero menos acción, un argumento situado en Alemania y sin el componente bélico.

Si te gusta este libro, también te gustará...

29 de noviembre de 2018

The year of less, de Cait Flanders

En la newsletter de octubre, me fijé como propósito disfrutar de un noviembre de lecturas sencillas, y lo he cumplido a raja tabla. Un único libro. Una lectura especial a la que le tenía muchas ganas desde hace unos meses.

Conocí a la autora este verano a través de uno de mis sitios web favoritos y, desde que aterricé en su blog, supe que iba a quedarme. Cait Flanders es una joven canadiense que, en un momento de su vida, fue adicta al alcohol, a la comida, a las compras,... y llegó a estar en bancarrota. De hecho, en el primer post de su blog en junio de 2011, habla de cómo había llegado al punto de estar maxed out (sobrepasada, en bancarrota). Dos años después, en mayo de 2013, y tras seguir un exhaustivo plan para pagar su deuda, anunciaba que la había cancelado.

El blog de Cait Flanders me encanta por muchas razones (está muy bien escrito (en inglés, eso sí), el contenido es útil y es muy sencillo de navegar) pero lo que más me gusta, sin duda, es leer su evolución personal en los últimos siete años: de hacer recortes económicos por necesidad a disfrutar de lo que ella llama "vivir con menos" tras un shopping ban o un año sin comprar nada (que no sea necesario, aquí las reglas) y un decluttering o limpieza y orden de sus pertenencias.

El resumen de ese año (entre julio de 2014 y julio de 2015) quedó registrado en su página web, pero también publicó un libro en el que, además, pone en contexto ese año sin compras: The year of less. How I Stopped shopping, gave away my belongings, and discovered life is worth more than anything you can buy in a store.

Yo tenía especial interés en leer este libro por dos razones, una más práctica (mi intención es empezar a leer en inglés) y otra más romántica y es que, desde el mes de marzo de 2018, había empezado a hacer mi propio shopping ban, relacionado sobre todo con el veto de la compra de ropa (a día de hoy llevo ocho meses sin comprar ni ropa ni zapatos).

Mucha gente podría preguntarse por qué alguien se prohíbe a sí misma comprarse cosas. En estos meses he escuchado frases como que compramos cosas porque "para eso trabajamos", "nos lo merecemos", "hay que darse un capricho",... Pero, en realidad todo esto tiene que ver con aprender a vivir de forma consciente sin la necesidad de canalizar nuestra energía con el consumo exagerado.

En un momento de su vida, Cait se vio encerrada en una espiral de trabajo infernal para satisfacer todas las necesidades artificiales que se había creado, entre ellas, algunas que la perjudicaban seriamente y la abocaban a trabajar aún más para poder permitírselas. A lo largo del libro, podemos observar cómo los cambios que Cait lleva a cabo no surgen de un día para otro, sino que llega a ellos de manera progresiva y los va enlazando uno detrás de otro, dependiendo del momento de vida en el que se encuentra.

He de decir que me encantan las historias de vida y que esta de Cait Flanders me ha inspirado muchísimo, sobre todo en los últimos capítulos. Merece la pena el esfuerzo de leer en inglés (dicho sea de paso, es un libro que se lee bastante fácil con un nivel intermedio) solo por encontrar reflexiones como las siguientes:

I wish I could say this didn't feel as revelatory as it did. With these numbers in hand, I literally fantasized about screaming my discovery from the rooftops of stores and shopping malls: If you're wondenring why you can't save money, stop buying styff you don't need! And trust me, you probably don't need anything in here!

The ban uncovered the truth, which was that when you decide to want less, you can buy less and, ultimately, need less money.

Cait Flanders ha conseguido expresar en palabras lo que yo llevaba rondando en mi cabeza mucho tiempo. Si estás en un momento de cambio y de desarrollo personal, este libro es una buena inspiración.

Biblioterapia


Este libro está recomendado para lectores que estén inmersos en un periodo de cambios personales y quieran profundizar en un estilo de vida sencillo.

Si te gusta este libro, también te gustará...

7 de noviembre de 2018

Eleanor Oliphant está perfectamente, de Gail Honeyman

Hace unas semanas, descubrí gracias a Instagram una faceta que no conocía de la actriz norteamericana Reese Witherspoon. Según he podido leer en algunos medios de comunicación, harta de esperar a que la llamaran para trabajar en una nueva película, Witherspoon ha tomado las riendas de su carrera y lo ha hecho siguiendo sus propios valores, encabezados por el empoderamiento femenino. De esta manera, la actriz ha creado su propia productora y lo que os hablaba de la nueva faceta, un club de lectura que "celebra las historias de las mujeres" (aquí su Instagram).

Así fue cómo, por casualidad, descubrí el último libro de mi mes Leo Autoras Octubre, Eleanor Oliphant está perfectamente, de Gail Honeyman. Solo el título ya resulta llamativo, ¿no te parece?

Eleanor Oliphant es una chica de treinta años con muy pocas habilidades sociales. Es franca y directa, poco dada a las relaciones de ningún tipo y bastante rutinaria. Su comportamiento milimétrico se ve alterado el día que conoce a su nuevo compañero de trabajo, Raymond: juntos salvan la vida de Sammy, un anciano que sufre una indisposición en plena calle.

A partir de ese momento, y muy poco a poco, Eleanor va comprendiendo que los patrones que sigue en su vida y su concepto de familia y de protección no son los estándares. Gracias a Raymond y a un desengaño amoroso, el lector descubre paso a paso cómo Eleanor ha llegado hasta allí y la acompaña en su viaje de vuelta. ¿De verdad Eleanor Oliphant está perfectamente? En realidad, es un libro con un trasfondo duro pero narrado de una manera impecable.

El personaje de Eleanor es uno de los que más he disfrutado en los últimos tiempos. Es diferente, franca, directa, no tiene apego a los convencionalismos sociales pero un sentido de los valores vitales muy fuerte. De ahí su riqueza y su forma de ser tan diferente a lo que estamos acostumbrados en la actualidad: sin dobles intenciones, sin postureo, sin maldad. Es un gusto leer una novela con un personaje auténtico y sincero, con unos diálogos y monólogos tan bien escritos y tan diferentes (me ha encantado también el personaje de Raymond, es verdaderamente entrañable).

Me había puesto las piernas negras y el pelo rubio. Me había alargado y oscurecido las pestañas, espolvoreado colorete en las mejillas y pintado los labios en un tono rojo oscuro que no tenía parangón en la naturaleza. Nadie podría negar que debía de parecer menos humana que nunca, pero, pese a todo, resultaba ser el aspecto más aceptable, más apropiado que había tenido ante el mundo. Era desconcertante.

En alguna parte he leído que comparaban a Eleanor Oliphant con Ignatius Reilly, el protagonista de La conjura de los necios, de John Kennedy Toole. Lo cierto es que la comparación no beneficia a ninguno de los dos. En lo único que podemos compararlos es que son personajes que se colocan fuera del engrase social aunque Eleanor Oliphant es mucho más comedida, eso sí.

Esta novela es de mis favoritas de este año, sin lugar a dudas, y parece ser que Reese Witherspoon la llevará a la gran pantalla en 2019. He estado siguiendo algunas otras recomendaciones del club de lectura de la actriz y creo que la selección es muy interesante y que, de ahí, pueden salir grandes lecturas. Os lo recomiendo.

Biblioterapia


Este libro está recomendado para lectores que disfruten con personajes fuera de lo común que tienen un trasfondo psicológico importante y una dosis de intriga añadida. Es una novela que reflexiona sobre los convencionalismos sociales, las apariencias, la verdadera esencia, y que trata problemas vitales duros.

Si te gusta este libro, también te gustará...

#LeoAutorasOct


Estoy realmente contenta con la selección de autoras de este mes de octubre de 2018. He leído cuatro novelas escritas y protagonizadas por mujeres. Las historias son preciosas pero los personajes lo son aún más; realmente me han enamorado, especialmente, los de Eleanor Oliphant y Florence Green. Os recomiendo todas: Todos los veranos del mundo, de Mónica Gutiérrez; Soñar bajo el agua, de Libby Page; La librería, de Penelope Fitzgerald; y Eleanor Oliphant está perfectamente, de Gail Honeyman.

Las reseñas de noviembre, como os adelanté en el post anterior, tendrán que ver con un tema diferente: la vida sencilla, uno de mis favoritos de los últimos tiempos. Además, estoy leyendo mi segundo libro en inglés, sin adaptaciones, The year of less, de Cait Flanders (el primero fue este). Prometo contaros cómo es la experiencia para ver si os animáis y que me deis recomendaciones.


26 de octubre de 2018

[10] La vuelta a los libros, leo autoras octubre y noviembre sencillo



Hace unos días, leí un tuit de @Pocheflor en el que confesaba que llevaba un mes sin leer un libro porque los empezaba y era incapaz de seguirlos. Y me recordó dos cosas que me han pasado en el último año y medio.


La primera tiene que ver con una entrada que escribí hace tiempo en la que hablaba de que mi lista de lecturas era como leer el futuro en las hojas de té que quedan en el fondo de una taza, pero al revés. Es decir, que si la observamos detenidamente, nos podemos dar cuenta de que en los momentos en que no leo, algo me corroe (normalmente por dentro).

La segunda cosa está relacionada con la entrada en la que yo misma cuestionaba mi relación con los libros debido a una crisis lectora que ha durado casi un año. En aquel momento cuestionaba mi conexión con la lectura como forma de vida e incluso llegué a pensar que me estaba encasillando tanto en un tema en concreto que no lograba disfrutar de nada más.

Pero he vuelto al blog. ¿Por qué? ¿Por qué ahora? La verdad es que ha sido un impulso más de los que conducen mi vida pero la historia es esta. Este verano, después de un año de trabajo intenso y absorbente, me quedé sin empleo. Estuve ideando poner en marcha un blog sobre vida sostenible, que es otro de los temas que me interesan mucho en los últimos tiempos. Pero en ese proyecto echaba mucho de menos los libros.

Para mí, los libros son fuente infinita de inspiración y una de las principales guías de mi vida. Me di cuenta de que, en mi última etapa, los había cambiado por Instagram y por el postureo que muchas veces supone esta red social. Y sentí que debía volver aquí para reencontrarme conmigo mismo, con la calma, con la reflexión, con ese sentimiento que me provoca leer algo que me llega al alma.

Es verdad que, como comenté en el tuit de @Pocheflor, el hábito ha vuelto pero aún no la ilusión de cuando empecé este blog hace cuatro años. Supongo que forma parte de nuestra evolución como personas y del momento que estamos atravesando. Me preocupa, pero sigo adelante, sin pensarlo mucho, soltando, intentando no controlar la situación y esperando que se controle sola. Aunque, como siempre digo, voy a días.

Leo Autoras


De momento, este mes de octubre he querido rendir mi humilde y particular homenaje a la iniciativa Leo Autoras Octubre. Las cuatro lecturas elegidas tienen que ver con mujeres que hablan de otras mujeres. Unas buscan el sentido a su vida desde una perspectiva feel good; otras son personas corrientes que influyen en los demás de manera extraordinaria; muchas luchan por conseguir lo que se proponen a pesar de todo; y algunas nos sentimos diferentes entre la multitud.

Noviembre de vida sencilla


Estoy pensando hilo común para las lecturas del mes de noviembre. Me apetece infinito empezar a leer en inglés (ya leí este, por ejemplo) y, en concreto, me apetece este libro. Además, quiero seguir profundizando en libros que completen el apartado de vida sencilla del blog y hace poco descubrí a Alain de Botton, así que posiblemente el próximo mes de noviembre estaré leyendo libros sobre vida consciente.

Estoy deseando empezar.

22 de octubre de 2018

La librería, de Penelope Fitzgerald

Hace un tiempo, cuando se estrenó la película de Isabel Coixet (noviembre de 2017), hice intento de leer La librería, de Penelope Fitzgerald. Pero aquel, definitivamente, no fue su momento. Me encontraba en otro punto y me pareció un libro lento.

Sin embargo, este mes (un año después), coincidiendo con la iniciativa Leo Autoras Octubre, lo encontré de nuevo en la biblioteca y lo cogí prestado. Intuía que le había llegado el momento y que era una buena continuación al libro que había estado leyendo, Soñar bajo el agua, de Libby Page.

Y el resultado de esta lectura ha sido una mezcla de los dos párrafos anteriores. La librería es un libro lento, cotidiano y sencillo pero con la historia de una mujer fuerte y guerrera detrás, como lo eran Kate y Rosemary en la novela de Libby Page.

En esta ocasión, la protagonista se llama Florence Green, es viuda y vive de forma modesta en Hardborough (Inglaterra), un pueblo pequeño y poco desarrollado, con pocos servicios y comercios, motivo por el que Florence pensó que sería buena idea abrir una librería. Al fin y al cabo, de joven había trabajado en la librería Müller's y tenía experiencia en el sector.

A buena parte de los habitantes del lugar, esta iniciativa les parece una locura y otros son bastante reticentes debido sobre todo a que el lugar en el que se abrirá el negocio es una vieja casa en condiciones dudosas conocida como Old Hardborough. Florence se las tiene que ver con el banquero, con el abogado, con las reticencias de la todopoderosa señora Gamart, que tenía otros planes para Old Hardborough, con el pescadero e incluso con un rapper (fantasma) que habita la casa.

Pero también contará con la ayuda de uno de los vecinos más influyentes de Hardborough, el misterioso señor Brundish y de su aprendiz, Christine Gripping. La librería se convertirá durante un tiempo en un comercio de bien en el pueblo y su máximo esplendor llegará cuando Florence decide empezar a vender una novela que hasta el momento se había calificado de escandalosa o inmoral: Lolita, de Vladimir Nabokov (esta es, sin duda, mi parte favorita de la novela).

- ¿Qué? ¿Al final va a encargar Lolita?
- Todavía no lo he decidido. He pedido un ejemplar de lectura. Estoy un poco desconcertada por lo que han dicho de ella los periódicos americanos. Un crítico ha afirmado que su publicación era una mala noticia para el ramo y para los lectores, porque era aburrida, pretenciosa, de lenguaje florido y repulsiva. Pero por otro lado había un artículo de Graham Greene que decía que era una obra maestra.

A pesar de los éxitos, una serie de intereses pondrán en riesgo el negocio de Florence, que tendrá que vérselas con el banquero, con el abogado, con la señora Gamart, con el pescadero e incluso con el rapper.

La librería no es una novela que me haya encantado pero hay dos cosas que me han parecido de lo más interesantes. A una de ellas, ya he hecho referencia, la parte de Lolita, y la otra es el personaje de la protagonista, Florence Green. Es una mujer pequeña, menuda, de hábitos predecibles y muy modesta. Pero tiene coraje, fuerza, valor, perseverancia, lealtad a sus ideas, a la vez que tolerancia y respeto por los demás.

Florence tenía buen corazón, aunque eso sirve de bien poco cuando de lo que se trata es de sobrevivir

Biblioterapia


Este libro está recomendado para lectores que disfruten con historias de librerías y de libros. También para aquellos que busquen novelas con personajes fuertes, con gran sentido de la lealtad y amplias dosis de coraje, fuerza, valor y perseverancia. Recomendado también para los que sabemos que la vida no es justa, a pesar de.

Si te gusta este libro, también te gustará...


#LeoAutorasOct

Este mes de octubre continúo leyendo autoras. A Todos los veranos del mundo, de Mónica Gutiérrez, y a Soñar bajo el agua, de Libby Page, se La librería, de Penelope Fitzgerald, y, en breve, Eleanor Oliphant está perfectamente, de Gail Honeyman.


15 de octubre de 2018

Soñar bajo el agua, de Libby Page

La novela que hoy os reseño la encontré a principios de verano haciendo una búsqueda sobre literatura feel good, que es uno de los cuatro pilares básicos de este blog. Y sí, podemos decir que Soñar bajo el agua, de Libby Page, es un libro feel good pero también me ha recordado mucho a Alguien, de Alice McDermott. Y ahora os explicaré por qué.

Rosemary es una anciana que vive en Brixton. Toda su historia está ligada a este barrio londinense y a su piscina: lleva frecuentándola desde que era una niña, incluso durante la guerra, y después sería uno de los escenarios más representativos de su vida de casada. Ahora, con 86 años, se levanta cada mañana para acudir a su cita puntual con las aguas frías y azules de su piscina hasta que un día el ayuntamiento decide que es hora de vender la piscina a un grupo inmobiliario para evitar las pérdidas que genera. Pero Paradise Living tiene otros planes para el barrio: construirá un complejo de edificios y una cancha de tenis en el lugar que ocupa en este momento la piscina.

Kate es una joven periodista del diario local Brixton Chronicle. Desde que se mudó al barrio hace dos años apenas tiene contacto con nadie y la persigue la sombra de sus ataques de pánico y la depresión. En el trabajo escribe en la sección de mascotas perdidas hasta que su jefe decide darle como encargo que escriba sobre el posible cierre de la piscina del barrio. Ella no lo sabe, pero conocer a Rosemary y al elenco de amigos de la anciana, va a dar un giro a su existencia.

Como en todas las novelas feel good, a los protagonistas les cambia la vida gracias en parte a un arranque de coraje y fuerza por un motivo que les mueve desde dentro. En el caso de Kate, ese motivo es ayudar a Rosemary a evitar el cierre de la piscina que tanto significa para ella y para los habitantes del barrio. Kate se involucra tanto en todo ello que acaba por hacer de esta causa la suya propia, al tiempo que descubre un  mundo que hasta ahora le era desconocido: el sentimiento de comunidad y de amistad en un barrio como Brixton.

¿Y por qué digo que Soñar bajo el agua me ha recordado a Alguien, de Alice McDermott? Pues porque, salvando las distancias del género, ambas son historias de gente corriente y de vida cotidiana. A los personajes de Soñar bajo el agua no les ocurren cosas trascendentales pero sí les pasa la vida alrededor de esa piscina. El frutero, los libreros, la anciana, la vecina, la compra, los estudios, el barrio,... Esos son los protagonistas diarios, para mí mucho más complicados de desarrollar que aquellas novelas en las que pasan grandes cosas. Porque, ¿cómo mantienes vivo el interés del lector? Pues a través de la empatía, de vernos reflejados.

Y, como ya dije en la reseña de Alguien, creo que en ese tipo de libros hay mucha belleza y un mensaje, sobre todo en la sociedad de escaparate en la que vivimos actualmente: todas las vidas son importantes porque ellas influirán en otras, y así sucesivamente.

Sí, este es un libro lento, que transcurre en su mayor parte en la cotidianeidad de gente que normalmente no es protagonista. Es una novela para leer cuando necesites ralentizar tus revoluciones, para no tener prisa y para valorar el día a día, la lentitud y la amistad. También es una novela que reflexiona sobre la soledad en una sociedad afiliada a la prisa y a la imagen externa, y sobre la depresión y la ansiedad.

El florista es un hombre mayor que lleva un delantal de color verde oscuro, luce una cadena de oro en el cuello y tiene las uña negras llenas de tierra. Haga frío o calor, vende "lo sientos" y "te quieros" a un precio razonable. Envueltos en papel marrón y sujetos a una cinta.

Biblioterapia


Este libro está recomendado para lectores que busquen paz y tranquilidad en su vida y la grandeza de las cosas cotidianas. También para aquellos que deseen encontrar el sentido de la amistad y del amor más puros. La soledad, la ansiedad y la depresión son temas latentes, por lo que también puede servir como terapia en estos casos.

Lee más sobre feel good



Lee más sobre historias cotidianas



Si te gusta este libro, también te gustará...


#LeoAutorasOct

Este mes de octubre continúo leyendo autoras. A Todos los veranos del mundo, de Mónica Gutiérrez, y a Soñar bajo el agua, de Libby Page, se sumará La librería, de Penelope Fitzgerald, que reseñaré en breve.


8 de octubre de 2018

Rafa Sanchís, de Miss Pachamama: “Me he encontrado España más sucia de lo que pensaba”

Hace unas semanas, a finales de verano, pasé unos días en Guardamar del Segura, un pueblecito de la costa alicantina. Uno de aquellos días llovió con bastante intensidad, tanto que cuando bajamos a la playa notamos bastantes daños. Pero lo que más me impactó, sin duda, fue ver los residuos que se amontonaban en los accesos desde el paseo marítimo. Lo que más había eran restos de toallitas y compresas. Además, paseando por la orilla del mar encontré trocitos diminutos de plásticos de colores y muchos palotes de bastoncillos. Por no hablar, de todo lo que dejamos “olvidado” tan cerca del agua que es inevitable que acabe en ella.

La semana pasada, María, de Hervidero de ideas, nos dejaba la siguiente reflexión en su Instagram: si tengo algo de plástico, ¿tengo que reemplazarlo por algo de otro material más respetuoso cómo puede ser la madera o el bambú? La respuesta es no, ya que uno de los principios de la sostenibilidad es aprovechar lo que uno ya tiene. El problema no es tener una jabonera de plástico (que, ya de paso, si necesitas una, puedes valorar comprarla de otros materiales) sino el uso indiscriminado de este material en productos de un solo uso como botellas de agua o envoltorios. Y, aún peor, deshacernos de ellos en cualquier parte.

Para concienciar sobre este tema, el protagonista de la historia de hoy, Rafa Sanchís, de Miss Pachamama, está haciendo una “Vuelta a España” en bici limpiando la naturaleza para que la basura no acabe en el mar. Cuando le hice la entrevista estaba todavía en Galicia pero ahora ya está en Madrid, el ecuador de su viaje. Ha recorrido 2.629 kilómetros y recogido 641 kilos de basura. Su objetivo principal, además de evitar que toda esta cantidad de residuos acabe en el mar, es sensibilizar a la gente sobre el uso abusivo de los plásticos.

Entrevista a Rafa Sanchís, de Miss Pachamama: “Me he encontrado España más sucia de lo que pensaba”


Rafa Sanchís, de Miss Pachamama

Miss Pachamama en redes sociales

Web| YouTube | Instagram | Facebook

¿Cómo de sucia te has encontrado España?


Me la he encontrado mucho más sucia de lo que pensaba. Antes de salir ya sabía que iba a encontrar basura pero cuando te fijas en la cantidad de basura que hay en parques naturales, alucinas,... en las playas la basura está y pasa desapercibida a nuestros ojos. El problema es que nos hemos acostumbrado a esa basura y no nos molesta a la vista. Y luego desde que estoy con este proyecto de recogida de basura y concienciación, ahora veo basura en todas partes. Si te vas a las cunetas de las carreteras nacionales son ríos de basura. Tenemos un problema gordo con este tema así que hay que luchar contra ello.

¿Qué sitios has visitado hasta ahora y cuánta basura has evitado que acabe en el mar?


Salí de Valencia de las Torres de Serrano, en el barrio del Carmen, en el casco histórico, que es donde vivo, el 14 de julio. De ahí cogí la vía verde de Ojos Negros hacia Teruel, de ahí a Zaragoza, por el Camino del Cid, Tudela, por el Canal Imperial de Aragón, Pamplona, San Sebastián por la vía verde del antiguo tren del Plazaola, que es espectacular, Bilbao, Castrourdiales, Santander, Oviedo, y ya Ribadeo y Coruña. Siempre intento dentro de mis posibilidades ir por caminos, ir por espacios naturales y evitar las carreteras, no siempre se puede pero en gran parte del viaje lo he hecho. Eso hacen un total de 1.834 kilómetros y en kilos de basura, llevo 599. He superado en Coruña la media tonelada.

¿Cuánto tiempo durará este viaje por España?


El viaje no tiene fecha de vuelta. Para mi es importante acabar lo que me he propuesto y, cuando emprendes una aventura así, lo peor que puedes hacer es ponerte el tiempo en tu contra. Hay muchas más posibilidades de que no lo acabes. Mi único objetivo es acabar la vuelta España, llevo casi la mitad en dos meses, me deben quedar unos tres meses, que es más del tiempo que pensaba en un inicio. Ahora estoy pensando en acabar entre noviembre y diciembre pero si se alarga un poco tampoco pasaría nada. La única fecha límite que tengo sería estar el 24 de diciembre en Nochebuena cenando con mi familia porque si no mi madre me mata. Pero más allá de eso, el tiempo que el proyecto necesite. Creo que es un proyecto chulo y al que le he dedicado mucha energía como para no darle el tiempo que necesita.

¿Qué haces con toda la basura que recoges?


La basura la recojo siempre en espacios naturales, la meto en un carro que llevo enganchado a la bici, que es un carro de carga de metal amarillo que llama bastante la atención y en ese carro la transporto al siguiente pueblo, a los kilómetros que esté. He llegado a hacer un máximo de 25 kilómetros (eso me pasó en las Bardenas, que es un desierto en el sur de Navarra), aunque lo normal es que estén los pueblos a 5 o 6 kilómetros, siempre te encuentras alguna zona. La llevo al siguiente pueblo, la peso con un pesamaletas que tengo y la tiro al contenedor de reciclaje correspondiente.

¿Qué tipo de residuos son los más recurrentes?


La gran mayoría de cosas que recojo son botellas de agua de un solo uso y latas de refrescos y cerveza. Luego he recogido todo tipo de cosas, pero principalmente esto. Esto qué significa también: que tenemos un problema de consumo de plástico. Yo no intento concienciar solo sobre los residuos que hay en la naturaleza y dar visibilidad a la basura y la necesidad de recogerla, que sí, que es el objetivo principal, pero hay otro objetivo de concienciación en el viaje que para mí tiene la misma importancia que es sobre el consumo de plástico que hacemos en el día a día. Las compras que hacemos en el supermercado están llenas de plástico. El plástico no es 100% reciclable, se consigue reciclar en torno al 60% y además el plástico que se recicla va perdiendo calidad. Esto hace que estemos en constante producción de plástico. Tenemos otros problemas como que a las empresas muchas veces les sale más barato comprar plástico recién creado en países con mano de obra muy barata que comprar plástico reciclado en países occidentales. Y, luego, los envases de comida tienen varias capas de plástico. La capa interna, la que toca el alimento por temas de higiene y a nivel de legislación, tiene que ser una capa como virgen o recién creada. Esto hace que estemos en constante producción de este plástico. Entonces yo intento concienciar sobre la importancia de las compras a granel, hacer compras alternativas al modelo que se nos plantea hoy en día en las grandes superficies. Tenemos que volver a las compras de hace 30 y 40 años, a granel, llevando tus envases y devolviendo los envases. Es la única forma de que el planeta sea sostenible. Solo por recoger la basura, que está muy bien y hay que hacerlo, no se va a arreglar la situación. Tenemos que ir un paso más allá y conseguir hacer compras conscientes.

¿Qué significa este viaje para ti?


Este viaje para mí es muy importante en mi vida. Creo sinceramente que va a marcar un antes y un después. Para mí tiene dos partes. Una parte social, de concienciación, de luchar por una causa que creo y en este sentido me demuestra que una sola persona que cree en lo que hace y que le pone mucha energía es capaz de concienciar a mucha gente y que se una al proyecto y entre todos sí que se pueden cambiar las cosas. Uno solo puede mover a la gente y un grupo de gente puede cambiar las cosas. En este sentido estoy muy contento de todo el apoyo que está recibiendo el proyecto, de los mensajes que recibo de gente que antes no recogía basura y ahora sí, y gente que antes consumía mucho plástico y ahora ya no, tanto gente que no conozco de nada como la gente más cercana a mí. El otro día hablando con mis padres por teléfono, hablábamos de que ellos desde que yo estoy haciendo este viaje, han reducido en casa el consumo de plástico en un 80%. Pues casi se me saltan las lágrimas. Creo que fue de los momentos más emocionantes en este viaje y mira que me han pasado cosas chulas en el viaje. En ese sentido, estoy contento por estar consiguiendo aunque sea un poquito, concienciar a alguna gente para que tome unos cambios súper importantes. Luego está la parte personal del viaje. A mí me gusta mucho la aventura y es la primera vez que me enfrento a una aventura tan larga en el tiempo. Hay una parte que la estoy disfrutando mogollón y demostrarme a mí mismo que este tipo de esfuerzos los puedo compaginar, que llevo muy bien estar muchas horas solo, entonces también contento en este sentido.

¿Cómo financias el viaje?


Este es un viaje 100% autofinanciado y autogestionado. Es decir, no tengo ayudas ni a nivel económico ni logístico. Yo me preparé la ruta, yo me busco las zonas de acampada para hacer acampada libre, yo recojo la basura, yo grabo los vídeos, edito los vídeos, los subo a Internet, manejo las redes sociales. Entonces, a nivel económico son todo mi propio dinero, mis ahorros. He estado trabajando los tres últimos años y yo vivo de una forma muy sencilla en el día a día, lo que me ha permitido ahorrar y poder hacer este proyecto. En un viaje en bici, además, si no pagas por dormir y haces siempre acampada libre y no pagas por beber agua porque utilizas siempre fuentes públicas, se gasta relativamente poco dinero, lo cual viene muy bien para poder alargarlo en el tiempo. No busco patrocinadores, por lo menos a nivel económico. Sí para otros viajes igual podría ser que colaborase con alguna empresa si yo necesitase algo de material y la empresa me gustase cómo hace las cosas a nivel equipo en los negocios, sino siquiera colaboraría con ellos. Pero a nivel económico no tengo necesidad y luego tengo muy claro que el objetivo principal del viaje es la concienciación con estos dos mensajes: los residuos en los espacios naturales y el consumo de plástico. Lo que no quiero es desvirtuar estos mensajes con patrocinios y teniendo que hacer publicidad para ciertos productos, etc. por lo menos no ahora, no es el momento. He recibido ciertas ofertas de patrocinios pero las he rechazado porque creo que no es en lo que tengo que estar centrado ahora. Tengo que estar centrado en transmitir este mensaje.

¿Qué proyectos tienes cuando acabes el viaje en bicicleta?


Cuando acabe el viaje ya se verá. Ahora hay que estar centrado en acabar este, que requiere mucha energía mental y al final de lo único que quiero estar pendiente con todo lo que hay que hacer en una aventura así es en conseguir dar pedales al día siguiente y avanzando y seguir recogiendo basura. Más allá de eso, la cabeza de alguien soñador y aventurero como yo evidentemente no para. Hay tres cosas que tengo muy claras en la vida o que desde hace un tiempo las tengo muy claras: lo primero es el guacamole, que me flipa y es lo mejor que se ha inventado. La segunda es que disfruto mucho de hacer este tipo de aventuras en medios de transporte que mueve el cuerpo y hacer acampada por ahí, ya sea en bicicleta, en kayak, caminando, nadando, lo disfruto muchísimo. Entonces quiero seguir haciendo este tipo de aventuras y quiero ayudar a la gente a reducir el plástico que consume en el día a día a la vez que conciencio sobre los espacios naturales y la basura que hay. Entonces estoy intentando ver la forma de cómo puedo combinar estas aventuras y esos objetivos que tengo de concienciación y de reducción del plástico y poder ganar un sueldo que me permita vivir, pagarme las cosas, pagarme las aventuras, pagar el alquiler de mi piso en Valencia y con eso estoy. Puedo adelantar que para 2019 tengo ya en la cabeza entre cuatro y cinco aventuras de este estilo que quiero hacer, más cortas, evidentemente no pueden durar cinco meses o así como va a durar esta, pero aventuras de dos tres semanas, cinco semanas tengo cuatro o cinco en la cabeza para 2019. Así que parece que hay Miss Pachamama para rato.

Miss Pachamama en redes sociales

Web| YouTube | Instagram | Facebook

3 de octubre de 2018

Todos los veranos del mundo, de Mónica Gutiérrez (Serendipia)

Hace tiempo que estoy prácticamente desaparecida del blog. Todo tiene su explicación y ya os lo avanzaba en una entrada de hace justo un año. En aquel momento dudaba de si había dejado de conectar con la lectura o si, simplemente, mi crisis lectora estaba más relacionada con el cansancio que acumulaba.

Ahora ya tengo mi respuesta y no tengo mejor modo de celebrarla que volviendo al blog con una nueva reseña de un libro de mi género favorito, el feel good. Pero es que, además, este no es un libro feel good cualquiera. No. Para nada. Es lo nuevo de Mónica Gutiérrez (Serendipia), Todos los veranos del mundo. Un par de entradas más abajo, solo separados por El libro de los Baltimore, de Joël Dicker, podéis leer la reseña de su libro anterior, La librería del señor Livingstone.

Helena es abogada y trabaja para uno de los bufetes más importantes de Barcelona. A finales de verano, unas semanas antes de su boda, se reúne con su familia en el pueblo de su infancia para descansar y hacer los preparativos para la gran fecha. Lo que Helena no sabe en ese momento es que, durante esos días, sucederán cosas que le harán desprenderse de su caparazón y ver la vida desde otro punto de vista: aprenderá a entender a su madre, se reconciliará con su hermana Silvia, se refugiará en su hermano Xavier, conocerá a un librero sabio con acento inglés y cara de ratón y se reencontrará con su viejo amigo de la infancia, Marc Saugrés.

El carácter de Helena va mudando conforme pasan los días en ese pueblo del Pirineo catalán donde el tiempo pasa de otra manera y los problemas se relativizan e incluso desaparecen. El mal humor y los resentimientos van dejando espacio a una Helena que viste calcetines de colores, relajada, tranquila y en paz que, progresivamente, va descubriendo quién es y lo que quiere.

Y es en ese punto, más o menos a la mitad del libro, que aparece el personaje femenino que tanto me gusta de las novelas de Mónica Serendipia. Ese hada vulnerable pero fuerte, indecisa pero segura, que tiene el valor de cambiar el rumbo de su vida para ser fiel a lo que realmente es.

Vuelven a aparecer en este libro esos elementos característicos de la novela feel good con los que tanto disfruto: un pueblo que huele a galletas de vainilla; un bar donde se comen las mejores aceitunas del mundo; un jardín que huele a jazmines decorado con luces navideñas; y una librería en la que podría quedarme a vivir.

También están las numerosas referencias a libros y autores tan propios de las novelas de Mónica, por las que puedes navegar hasta perderte; y esos negocios con encanto que a todos nos gustaría regentar. Siempre es un placer volver a soñar despierta con este tipo de novelas, recuperar la paz y el sentido de tu vida.

[…] Quiero dejar de ser tantas cosas a la vez para convertirme solo en una: una mujer con un libro abierto entre las manos, solo eso, ¡eso es lo que quiero!

Otras reseñas de los libros de Mónica Gutiérrez

Entrevistas y colaboraciones

 Lee más sobre feel good

 Si te interesa este libro, también te gustará...

#LeoAutorasOct


En octubre de 2016, se popularizó en las redes sociales la iniciativa "Leo Autoras Octubre" para visibilizar la labor de autoras de todo tipo. De nuevo este 2018, la propuesta se ha retomado y quiero hacer mi contribución con esta lectura de Mónica Serendipia y con las que tienen que venir este mes. Ya estoy leyendo Soñar bajo el agua, de Libby Page y dentro de unos días tendréis también la reseña.


17 de septiembre de 2018

Qué hay en tu armario

Esta semana se celebra la Semana de la Movilidad Europea y Andreyna, de Trendy & Green, me ha invitado a ofrecer un taller sobre moda sostenible en el marco de Parking Day en Madrid 2018. Será el próximo viernes, 21 de septiembre, a las 17:30 horas, en la calle Apodaca, número 8. Cuando me hizo la invitación pensé que era una buena oportunidad para presentar las conclusiones de las entrevistas sobre moda que he estado haciendo este verano para el blog.

Mi armario cápsula de otoño 2018

Haciendo inventario de ropa


Para empezar, lo primero que vamos a hacer es un pequeño inventario de la ropa que tenemos. Para ello, nos haremos preguntas como las siguientes: ¿Cuánta tenemos? ¿Dónde la compramos? ¿Cuánto nos costó? ¿Cuántas veces nos la hemos puesto? ¿Sabemos cuál es su composición? ¿Y algo de quién la hizo? Si has podido responder a las cuatro primeras preguntas (y no eres blogger de moda), ¡enhorabuena! Porque eso quiere decir que eres relativamente consciente de las compras que haces.

Por otro lado, si tu respuesta a las dos últimas preguntas es SÍ, déjame decirte que estás en un nivel superior. Por el contrario, si no tienes contestación a la mayor parte de las cuestiones anteriores, no te preocupes porque en este post vamos a ir respondiéndolas de la mano de mujeres que aman la moda de una manera especial y que nos abrirán las puertas de su mundo.

Os las presento: Ellas son Cynthia Bagué, que completó el reto de no comprar ropa en un año; Laura, de Tirando del hilo y Mi primera máquina de coser; y Gemma, de Wasel Wasel. Además, en este artículo también hablaremos de dos mujeres que han tenido una importante influencia en el mundo de la moda y de la organización: Marie Kondo, con su libro La magia del orden; y Courtney Carver, la impulsora del Proyecto 333 (armario cápsula). Y ya, sin más, vamos a por las respuestas a las preguntas que acabo de plantear.

¿Cuántas prendas tienes en tu armario?


Probablemente nunca te hayas parado a contar cuánta ropa tienes y, a primera vista, no parece que sea un parámetro necesario a la hora de vestirte. Pero puede suceder que te estés quedando sin espacio para almacenar; o que estés acumulando cosas que ya no usas o no necesitas solo por si acaso o porque te dé pena deshacerte de ellas. Incluso, podría ser que estés comprando demasiado. Lo que es seguro es que, si te pones a contar, te llevas una sorpresa. Es igual que cuando haces una mudanza. No te das cuenta de lo que tienes hasta que no empiezas a empaquetar en cajas. El blog Tirando del hilo de Laura me encanta por todos los temas que trata y, en especial, me gustan dos de los post relacionados con la investigación de su trabajo fin de grado en diseño. Uno de ellos está relacionado con la lectura de las etiquetas, que mencionaré un poco más adelante, y el otro es este, un artículo en el que analizó su armario a fondo en cifras. Laura contabilizó un total de 140 prendas de invierno. “Parece mucho, aunque sólo hay que echar un vistazo al mundo del fashion blogger para encontrar que mi armario no es muy grande. Y, sin embargo, si dijéramos que en invierno me visto cada día con tres o cuatro prendas, tendría de 35 a 46 días para vestirme sin repetir ropa. Pero no es esto lo que ocurre”. Por lo general, tenemos más ropa de la que necesitamos y ni si quiera nos ponemos todo lo que está dentro de nuestro armario. Muchas veces porque deja de gustarnos, está estropeada, incluso no sabemos ni que existe o, simplemente, temporada tras temporada, anida en nuestro armario. ¿Quizá tu armario se parece a esto?

¿Dónde la has comprado? ¿Cuánto te costó?


Cuando era pequeña (crecí en los 80-90), mis padres me compraban ropa dos veces al año. Entonces había solo dos temporadas: el invierno (antes de empezar el cole) y el verano (justo cuando se acababa el cole). Comprábamos en las tiendas del barrio unos cuantos conjuntos, los que resultaban del cálculo de días de la semana y el tiempo que tardaba la ropa en secar. Esto fue así hasta que cumplí prácticamente 15 o 16 años, es decir, a principios de los 2000. Desde entonces, empezamos a ir a tiendas de cadenas de moda en los centros comerciales, aunque todavía lo hacíamos muy marcados por las estaciones del año. De forma progresiva, en los años siguientes, incluso ese hábito de comprar al principio y al final del invierno se perdió. Comenzamos a ir a las tiendas cuando lo necesitábamos o cuando nos gustaba algo. Al mismo tiempo, la oferta se multiplicó, el precio bajó y la única restricción que teníamos para adquirir ropa nueva era el presupuesto que podíamos dedicar. La conclusión es que ahora mismo, por norma general, cuando nos apetece comprar ropa, nuestro primer instinto es visitar las tiendas físicas u online de marcas fast fashion hiperconocidas y, si tenemos algo de dinero ahorrado y queremos darnos un capricho, acudir a las grandes marcas. Además de esto, hay ya muchas opciones en Internet para comprar ropa ética, sostenible o artesana (de esto hablaremos en otro post). Pero, ¿qué pasaría si no pudieras comprar ropa durante un año, como le pasó a Cynthia? Cynthia Bagué es estilista y amante de la moda vintage. El 1 de enero de 2016, después de darle muchas vueltas, decidió que en un año completo no iba a comprar nada de ropa. Cumplió su reto y cambió también su forma de ver la moda y la vida. “Antes del reto mi instinto era que me gustaba algo y me lo compraba, ahora pienso si lo tengo en casa o si se lo puedo pedir a alguien”. ¿Y qué alternativas tuvo a la compra de ropa durante el reto? “Coser, arreglar, intercambiar, heredar de tu hermana, de tu padre, hay muchas prendas a día de hoy que pueden ser unisex. Sobre todo, intercambiar, arreglar, … y luego cuando pude comprar, las tiendas de segunda mano y los mercadillos. Durante el reto era intercambiar, sobre todo y alguna herencia”.

¿Cuántas veces te la has puesto?


Muchas veces habréis dicho o escuchado esto de que “por 10 euros”, “esto es un chollo”, “está de moda” … y luego si te he visto no me acuerdo. Si lo piensas, rápidamente puedes identificar las prendas que más te pones, que coinciden, además, con las que más ves en el cesto de la ropa sucia, en la lavadora, en la cuerda de secar la ropa y en el armario de la plancha. Son, paradójicamente, las prendas que menos tiempo pasan en el armario. ¿A qué sabes de qué te hablo? Existe un movimiento conocido como el 30 wears challenge que tiene como propósito concienciarnos de que cuando vayamos a comprar algo, pensar antes si te lo vas a poner un mínimo de 30 veces. La decisión de la compra tiene que ir mucho más allá del me lo compro por el precio o porque esté de moda y, en cambio, ha de basarse en si lo necesitas, te gusta, lo puedes conjuntar con lo que ya tienes, te lo puedes permitir y, en definitiva, si te da alegría y te hace sentir bien (un poco más abajo te hablo de esta teoría de Marie Kondo).

¿De qué está hecha tu ropa? ¿Dónde está hecha? Leyendo etiquetas


Otra clasificación curiosa a la hora de analizar la ropa que tenemos en el armario es de qué está hecha y dónde. Esta información la podemos extraer del sitio en el que compramos y también por lo que conocemos de la marca en sí. Pero, principalmente, está en las etiquetas y, de este tema, hablé largo y tendido en la entrevista con Laura. “Hay dos tipos de etiquetas, las que están tejidas en la prenda y las de cartón. En las tejidas son obligatorios, aparte del cuidado o mantenimiento de la prenda, los datos fiscales de la empresa que la ha fabricado. En ellas también suele venir la talla y la marca. Otra etiqueta tejida no obligatoria es la de los datos de fabricación”. Es decir, en Europa no es obligatorio informar acerca del lugar de fabricación y procedencia de la prenda, solo de los cuidados y los datos fiscales de la empresa. Por tanto, en la mayor parte de las ocasiones nos quedamos sin saber quién ha hecho nuestra ropa. “Luego tenemos etiquetas de papel o cartón, que suelen ser etiquetas que se ponen después de la fabricación, cuando llega a la tienda, al destino final, y que está más relacionada con el marketing de la marca”. Según me comentó Laura, en este momento, “lo máximo que podemos aprender ahora a leer en las etiquetas es cómo lavar la prenda. Lo ideal sería una etiqueta en la que venga un poco de todos los materiales. Tú compras una blusa y te pone 100% algodón, pero, ¿y los botones, y la entretela y el hilo, los tintes? El tinte es muy importante y no sale por ningún lado: tipo de tinte, de estampación que ha tenido, el tipo de tratamiento químico, etc.”.

Ordenando el armario: el método Konmari + armario cápsula


Una vez que hemos hecho una revisión de nuestro armario, toca ordenarlo. Además, ahora que llega el otoño, el cambio de temporada nos puede servir de excusa para hacerlo. En los últimos años, he seguido dos filosofías que me gustan por lo simples y efectivas que son: por un lado, el método Konmari, que descubrí al leer La magia del orden, de Marie Kondo; y, por otro, el armario cápsula. Básicamente, el método Konmari consiste en ordenar tu casa de tal manera que solo te quedes con los objetos que te dan alegría, con los que te sientes bien. Pero, para llegar a este punto, tienes que coger con tus manos cada objeto que posees y evaluar qué sientes. Si te da alegría, consérvalo, aunque sea una excentricidad. Si dudas, quizá sea el momento de darle las gracias y dejarlo ir. Y, si definitivamente no sientes alegría alguna, deséchalo. De esta manera, solo te quedas con aquello que te inspira alegría y disfrutarás de ello con mayor plenitud. Además, te darás cuenta de que necesitas pocas cosas para vivir y ser feliz y, por esta razón, te sentirás más liberado. En su libro, Marie Kondo da ejemplos de clientes que, una vez que terminaron de organizar su casa, lograron hacer un cambio profundo en sus vidas. Al fin y al cabo, dice que si tu casa está desordenada puede que haya un problema de fondo. Cuando acabas de ordenar sientes que has recuperado ciertas parcelas de tu vida o, simplemente, tiempo para hacer cosas que deseabas hacer desde hace tiempo. En el caso concreto de la ropa, Marie Kondo aconseja sacar toda la ropa que tengamos en cualquier sitio de nuestra casa (la que no se saque y aparezca después, ha de ser desechada en el momento). Después, recomienda comenzar a purgar la ropa por la que no es de temporada y, una vez hecho esto, separarla por categorías (blusas, camisas y camisetas; pantalones y faldas; vestidos, …). Además, recomienda: aunque te dé pena deshacerte de algo, no lo guardes solo para andar por casa, así no aligeras el armario; tu familia tampoco lo necesita; y no clasifiques tu ropa según la estación del año en la que te encuentres sino más bien por tipo de composición de la prenda, por ejemplo. Cuando termines de evaluar tu ropa de acuerdo a lo que sientes por ella, es hora de guardar aquella que te hayas quedado, esta vez sí, en tu armario, pero un armario seleccionado con todo aquello que te gusta y te hace sentir bien.

Armario cápsula


Yo hice esto hace algún tiempo y, aunque he de reconocer que aún no he conseguido un armario 100% a mi gusto, voy acercándome a él. A la filosofía Konmari, como os he dicho un poco más arriba, añadí la del armario cápsula que, además, me permite poder vestirme en 5 minutos sin tener que maldecir por no tener nada que ponerme. Del armario cápsula os hablaré más en mi próximo post, cuando os enseñe mi armario cápsula de otoño, pero no puedo pasar por alto algunos detalles como que procede del Proyecto 333, un reto minimalista impulsado por Courtney Carver que invita a vestir con 33 prendas o menos durante 3 meses (normalmente según las estaciones del año). En el número total de prendas no se incluyen la ropa interior, la de dormir o la de deporte siempre y cuando se emplee para ese fin. Sí se incluyen la ropa de abrigo, los zapatos, los bolsos y los complementos. El armario cápsula tiene muchas variedades y es bastante flexible. Tan solo basta con echar un vistazo por Internet para ver las diferentes formas en que las bloggers de moda han adaptado esta filosofía. Laura, por ejemplo, hace cápsulas de transición y, para Cynthia, el armario cápsula es “lo que me quepa en este armario (que tengo un armario muy pequeño). Es lo que me voy a poner y en el momento en que ya no coja la ropa en el armario hay algo que se tiene que ir fuera”.

Además, cuando hice la entrevista a Gema, de Wasel Wasel, hablamos de un libro muy interesante que se titula The Curated Closet, de Anuschka Rees. “Ese libro fue un descubrimiento muy grande y muy positivo y sí que pude aprovechar un montón de información para mi armario. No se basa en el armario cápsula, aunque sí que hay un capítulo y me gusta porque no lo enfoca al Proyecto 333, no te limita a coger 33 prendas de ropa, sino que te anima a crear un armario cápsula que es una colección en sí misma, es decir, que es todo combinable entre sí y que fuera de ese tipo de prendas no te haría falta nada más”. Pero, ¿cuáles son los requisitos para que un armario cápsula sea funcional al 100%? Según Gemma, su armario cápsula ideal "ha de ser un armario con prendas adaptadas a tu forma de vida real, no a la que te gustaría tener. Por ejemplo, tiene que estar adaptado al clima donde vives y a las actividades que realizas cada día. No puedes tener un 80% de prendas que no te puedas poner por el clima de tu ciudad por mucho que te encanten. No puedes tener muchas prendas casual si cada día tienes que vestir con un código especial si trabajas en una oficina". "Otra regla es que cada prenda que tengas por lo menos debes de combinar con otras tres prendas que ya tengas. Nada de comprarse una falda que solo te pega con una camiseta porque a la larga no es realista y volveremos al mismo problema que no tienes nada que ponerte, y tienes muchas prendas pero que no combinan entre sí y no puedes conjuntarlas de ninguna forma". "Lo tercero es que todo lo que pongas en el armario cápsula tiene que ser ropa que te encante y que te veas llevándola y repitiéndola muchas veces y especialmente que sea ropa de cierta calidad. Hoy en día es muy fácil comprar ropa muy barata, pero si aspiras a tener un armario capsula que prácticamente no tengas que renovar, que es una de sus funciones, la ropa tiene que tener cierta calidad".

8 de septiembre de 2018

Entenderme según la teoría de la veleta



Hace no mucho, alguien en un contexto formal me formuló la siguiente pregunta: ¿Quién es Patricia? Así. Me quedé un momento parada, mirando al infinito con los ojos entornados y pensando en todas las posibles opciones. Antes de dar mi respuesta políticamente correcta, se me ocurrió que podía haberlo resumido todo en una frase muy corta: soy una veleta.

A pesar de que a veces me gusta ponerle un toque original a mis respuestas, no lo dije. Pero, en resumen, una veleta es una persona a la que le gustan muchas cosas y normalmente las prueba todas, ya sea una detrás de otra o todas a la vez, depende de su nivel de impaciencia.

Hasta hace bien poco, tenía asociado ser veleta con un maleficio que arrastraba desde mi nacimiento y con el que debería vivir para el resto de mis días. Al fin y al cabo, el uso de esta palabra denota ciertos rasgos negativos (véase RAE veleta 4. m. y f. Persona inconstante y mudable).

En mi afán por desterrar esta cualidad, me he empeñado seriamente durante los últimos años en especializarme en actividades de lo más variopintas, en algunas con más suerte que en otras. Pero debe ser que desear cambiar la naturaleza de uno sin aceptar la realidad, por lo general, no es la mejor opción.

Una veleta es una persona a la que le gustan muchas cosas y normalmente las prueba todas, ya sea una detrás de otra o todas a la vez, depende de su nivel de impaciencia

Mi elemento: la comunicación


Probablemente, sir Ken Robinson me hubiera dicho que el problema es que no he encontrado mi elemento, que es el lugar donde confluyen las cosas que te encanta hacer con las que se te dan bien y en el que solo aquellos que lo alcanzan logran un estado de plenitud que no se encuentra de otra manera.

Así que, después de mucho pensar y estar a punto de resignarme a mi falta de vocación y a mi incapacidad para centrarme en algo para siempre, llegué a una conclusión: nunca he querido ser doctora, enfermera, astronauta, peluquera, cajera, escritora, costurera, cocinera, artista, pintora, profesora, bombera, policía, investigadora, bióloga, ingeniera, diseñadora, psicóloga… No, nunca he querido ser una sola cosa… sino que ¡he querido ser todas! Y comunicarlas, principalmente vía escrita.

Este descubrimiento cambió por completo mi perspectiva. El mundo es tan rico y variado que, ¿por qué tengo que ser una sola cosa? Todo me da curiosidad, ¡quiero serlo todo! Y, además, quiero contarlo. Fue en ese momento cuando cobró sentido que me sintiera una veleta (y mis estudios de periodismo, todo hay que decirlo).

El elemento es el lugar donde confluyen las cosas que te encanta hacer con las que se te dan bien y en el que solo aquellos que lo alcanzan logran un estado de plenitud que no se encuentra de otra manera.

Multipotentia…, ¿qué?


Además, justo hace poco, en una conversación que mantuve para un artículo de este blog, Cynthia Bagué me recomendó ver esta charla TED de Emilie Wapwick. En ella, habla del poder de los multipotentialite, que básicamente es alguien con muchos intereses e inquietudes creativas. Durante la conferencia, hace la siguiente reflexión: “Cuando alguien te pregunta quién eres, no puedes responder con 20 cosas diferentes […] no puedes ser un artesano de violines y psicólogo. Tienes que elegir”. Bueno, pues en realidad sí que se puede, Bob Childs lo hace.

Wapwick cuenta que a la pregunta qué quieres ser de mayor, ella nunca pudo responder con algo concreto, pero no por falta de intereses sino por lo contrario, tenía demasiados. Esto le creaba mucha ansiedad por dos razones: primero, porque no tenía claro cómo iba a hacer de aquello una profesión y segundo porque le preocupaba que aquella indefinición fuera un obstáculo para ella.

Todo esto está muy relacionado con la cultura, con la visión romántica que nos han inculcado de que cada uno de nosotros tenemos algo que aportar a este mundo. Pero no tiene por qué ser una sola cosa, ¿no crees?

Un multipotentialite, básicamente, es alguien con muchos intereses e inquietudes creativas

Adaptarse a los cambios


Para muestra, un ejemplo. Durante los últimos años, he escrito en blogs y webs sobre política local, libros, viajes, ocio, salud, nuevas tecnologías e infraestructuras, además de relatos cortos de ficción. Tengo muchos años de experiencia en comunicación corporativa y digital y he dirigido varios proyectos de sitios web. En mi época universitaria también fui profe. Me encanta leer y soy una friqui de la ortografía, de la organización, de YouTube y de Instagram.

Entre todo este batiburrillo, llegamos al año 2018, que ha supuesto un punto de inflexión en mi vida: después de 13 años enlazando varios empleos y proyectos, me he quedado sin el trabajo fijo y bien remunerado que había conseguido progresivamente durante ese tiempo. A cambio, he recuperado las más de 12 horas diarias que le dedicaba.

¿Y qué voy a hacer con ellas? Podría dedicarme a buscar un empleo nuevo. Y también podría aprovechar el momento que llevaba tiempo buscando  para iniciar mi propio proyecto. ¿Sabéis aquello que dicen que cuando uno está en el lecho de muerte se arrepiente más de lo que no hizo que de lo que hizo? Pues ya tengo una cosa menos de la que arrepentirme.

30 de julio de 2018

El libro de los Baltimore, de Joël Dicker

La lista de lecturas de mi blog pocas veces incluye títulos que traten temas de misterio, intriga, novela negra o thrillers. Pero en verano suelo hacer excepciones. Justo hace cuatro veranos, en 2014, leí el libro del momento, La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker, y disfruté mucho. Además, lo asocio a mi primer viaje a París y a un verano que no podré olvidar.

Así que este año, a la nostalgia por aquel verano de 2014, se han sumado las recomendaciones de unas compañeras a El libro de los Baltimore, y he vuelto a leer a este autor. Y el resultado ha sido muy satisfactorio.

Marcus Goldman es un escritor de éxito que decide trasladarse a Miami para escribir su próxima novela. En pleno proceso creativo se reencuentra, por casualidad, con una vieja amiga, Alexandra Neville. 

Esta coincidencia removerá de nuevo la triste historia de la familia del tío de Marcus, la historia de los Goldman de Baltimore, prósperos, ricos y prometedores, que quedó empañada por el Drama, ocurrido ocho años antes.

Para descubrir el Drama, el autor nos detalla la vida de las dos ramas de la familia Goldman, la de los Baltimore (a la que pertenecen su tío Saúl, tía Anita y sus primos Hillel y Woody) y la de los Montclair, mucho más modesta, (que es la de Marcus y sus padres). El entramado familiar se va desmadejando a lo largo del libro: hay riñas, envidias, orgullo y dinero de por medio, como no podía ser de otra manera. Pero también hay vacaciones inolvidables, mucho amor,... y un final que nadie se espera en las primeras páginas.

El libro de los Baltimore es entretenido, no pesa, se lee ligero y es una estupenda recomendación para el verano. Joël Dicker vuelve a entregarse a esa intriga suave, que mantiene en suspenso, y que genera esas ganas de lectura.

Si te interesa este libro, también te gustará...


Mystic river, de Denis Lehane
Vestido de novia, de Pierre Lemaitre


31 de enero de 2018

La librería del señor Livingstone, de Mónica Serendipia

El feel good vuelve de nuevo a este blog. Si en el post anterior os decía que ponía punto y final a mi año lector 2017 con Tu año perfecto, de Charlotte Lucas, ahora os vengo a contar que no podía haber empezado mejor 2018 que con La librería del señor Livingstone, de Mónica Gutiérrez.

Leer este libro es entrar en el inconfundible mundo de Mónica Serendipia (como se conoce a la autora en la blogosfera literaria): protagonistas acorazadas que deshacen la madeja con pasos de bailarina; personajes secundarios que lo inundan todo; la parte más cálida del otoño, del invierno y del frío; una historia de amor y de amistad entre personas muy dispares; un toque de misterio; y entornos idílicos, algo melancólicos y muy bellos que recogen y transmiten paz.

Agnes Marti es una arqueóloga catalana en paro que decide trasladarse a Londres con el fin de encontrar ese trabajo que tanto desea. Su misión no le resultará fácil pero el camino la llevará por azar (y también un poco por su escaso sentido de la orientación) hasta la librería del señor Livingstone, un viejo librero gruñón adorable que busca un ayudante de librería de cuento.

Para los enamorados de la literatura, de los libros y de las librerías, esta novela es un paraíso. Contiene multitud de referencias a novelas y guiños a escritores en cada una de sus páginas. Además, como en todas las novelas de Mónica, los lugares se convierten en protagonistas y la librería de dos plantas con una cúpula desde la que ver las estrellas en el segundo piso es de ensueño.

Y, a pesar de que este trabajo es algo transitorio para Agnes, el ambiente y cada uno de los peculiares personajes la envuelven y la hacen sentir como en casa, y el hada de los pies descalzos se convierte rápidamente en el ojito derecho del señor Livingstone.

En este libro de Mónica Serendipia también hay un toque de misterio, que es el que introduce el amor y serán el amor y la librería quienes removerán los cimientos de Agnes Marti, una arqueóloga que viajó a Londres para buscar otra cosa bien distinta.

Sin embargo, para los que se relajan y confían en la vida, hay mucho más allá para ellos. Y no podría ser de otra manera para Agnes Marti.

Puedes leer también las reseñas de otros libros que he leído de Mónica Gutiérrez: El noviembre de Kate y Un hotel en ninguna parte.