Este mes es el #marzoasiático de Magrat Ajostiernos, y me he querido sumar a la iniciativa porque, a pesar de que sí que me he acercado a este tipo de literatura, casi siempre ha sido a autores nipones.
Así que, en esta ocasión, he elegido un clásico como es El club de la buena estrella, de Amy Tan. Cierto que esta escritora no es china, sino americana, ya que nació en Oakland, pero es hija de inmigrantes chinos y esta novela trata un tema muy interesante: cómo viven los hijos de inmigrantes las raíces de sus ancestros. Pero es que, además, este libro analiza la relación entre madres e hijas, expectativas, sueños, realidades y cambios de generación.
La madre de Jing-Mei Woo acaba de fallecer y sus tías postizas (amigas de su madre, inmigrantes chinas en Estados Unidos) quieren que ella ocupe su puesto en el Club de la Buena Estrella, un encuentro que les sirve de excusa para reunirse y hablar de sus cosas. Aquí es donde Jing-Mei se entera de un secreto que desconoce de su madre y que le va a cambiar la perspectiva de la relación con ella, una vez fallecida, y también con sus raíces.
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13 de marzo de 2019
27 de abril de 2017
La buena lluvia sabe cuándo caer, de Anchee Min
Los caminos hasta llegar a un libro son muchos: recomendados por amigos, goodreads, otros blogs, un escaparate,… Yo he estado intentado recordar cómo y por qué un día elegí La buena lluvia sabe cuándo caer, de Anchee Min, y no doy con el origen. Probablemente estaría buscando obras de autores extranjeros porque siempre me apetece leer desde otros puntos de vista. El caso es que la forma en que este libro llegó a mis manos tiene mucho que ver con su propio título.
La novela de Anchee Min es un relato autobiográfico sobre sus primeros años en China pero, sobre todo, su vida en Estados Unidos. El paso de un país comunista a otro capitalista (de hecho, a la mayor economía capitalista del mundo) es un reto hacia la persona que te han enseñado a ser en los momentos más tiernos de tu infancia que, según dicen, son los que marcan el carácter de un adulto.
Anchee Min logra salir de su China natal por una concatenación de casualidades del destino. En esa parte del relato he de decir que, a pesar de que sabía que había logrado llegar a EE.UU., sufría mucho por ella porque todas las barreras que conseguía pasar eran por azar. Se rifaba un poco de suerte y le tocó a ella.
Sin embargo, su periplo hasta ese momento fue duro: realizó trabajos forzados en campos de cultivo; fue nombrada persona non grata por supuesta afinidad con a Madame Mao; pasó hambre y muchas penurias; enfermó gravemente en varias ocasiones; y sufrió mucho por su familia.
Su llegada a la tierra prometida tampoco transcurrió por una alfombra roja, sobre todo los primeros años. Anchee Min aterrizó en Chicago sin saber nada de inglés y con un visado de estudiante que caducaba unos meses después. Como no entendía el idioma, al principio le era prácticamente imposible encontrar un buen trabajo y, durante mucho tiempo, se tuvo que buscar la vida como buenamente pudo. Además de la parte económica, la soledad y la lejanía de su país natal era una constante en los primeros años en América.
La forma en que hace malabares para combinar la universidad, el aprendizaje del inglés y la supervivencia económica es digna de estudio. Pero lo que Anchee Min quería era conseguir la nacionalidad estadounidense para poder trabajar de forma legal en este país. En varias ocasiones menciona en el libro que, en aquel momento, le hubiera gustado ser un indigente americano, porque al menos ellos sabían inglés y tenían permiso para trabajar.
La historia con su primer marido supone un punto de inflexión en la vida de Min. La forma de ser de él, muy inclinada a pensamientos budistas y taoístas, influye mucho en ella pero no tanto como para dejar atrás todo lo que supuso crecer en la china comunista de Mao. A pesar de ello, la filosofía americana va calando muy poco a poco en Anchee Min, sobre todo tras conseguir la nacionalidad y el nacimiento de su hija Lauryann.
La buena lluvia sabe cuándo caer es un relato a dos tiempos con los que Anchee Min pone al descubierto quién es a través de su historia de una manera extremadamente sincera. Como ella misma dice al finalizar el libro: “Hoy en día mi vida significa para mí profundizar en el conocimiento personal, estar en contacto conmigo misma, superarme día a día y, sobre todo, disfrutar de la vida”.
Cuando uno cambia de residencia lo hace persiguiendo un trabajo mejor, un amor o, directamente, un sueño. Pero, ¿qué pasa con lo que queda atrás? ¿Qué ocurre con el sitio en el que te has criado o la gente de la que te has rodeado buena parte de tu vida? Eso no se olvida nunca. Se lleva dentro, duele no tenerlo cerca y se echa mucho de menos.
Los que no hayáis crecido en el mismo lugar en el que vivís ahora, sabréis de qué va el tema. Este libro podría ser una buena receta para muchas facetas de la vida pero conocer las raíces, amarlas, con sus bondades y defectos, y ser embajador de ellas allá donde vayas es, a mi modo de ver, una de sus principales indicaciones de uso.
Anchee Min quiere salir de su tierra para lograr un futuro mejor pero le duele lo que queda allí y la forma en que se queda. También echa de menos sitios, costumbres, la cultura… Entonces, ¿cómo se puede llegar al equilibrio?
La novela de Anchee Min es un relato autobiográfico sobre sus primeros años en China pero, sobre todo, su vida en Estados Unidos. El paso de un país comunista a otro capitalista (de hecho, a la mayor economía capitalista del mundo) es un reto hacia la persona que te han enseñado a ser en los momentos más tiernos de tu infancia que, según dicen, son los que marcan el carácter de un adulto.
Anchee Min logra salir de su China natal por una concatenación de casualidades del destino. En esa parte del relato he de decir que, a pesar de que sabía que había logrado llegar a EE.UU., sufría mucho por ella porque todas las barreras que conseguía pasar eran por azar. Se rifaba un poco de suerte y le tocó a ella.
Sin embargo, su periplo hasta ese momento fue duro: realizó trabajos forzados en campos de cultivo; fue nombrada persona non grata por supuesta afinidad con a Madame Mao; pasó hambre y muchas penurias; enfermó gravemente en varias ocasiones; y sufrió mucho por su familia.
Su llegada a la tierra prometida tampoco transcurrió por una alfombra roja, sobre todo los primeros años. Anchee Min aterrizó en Chicago sin saber nada de inglés y con un visado de estudiante que caducaba unos meses después. Como no entendía el idioma, al principio le era prácticamente imposible encontrar un buen trabajo y, durante mucho tiempo, se tuvo que buscar la vida como buenamente pudo. Además de la parte económica, la soledad y la lejanía de su país natal era una constante en los primeros años en América.
La forma en que hace malabares para combinar la universidad, el aprendizaje del inglés y la supervivencia económica es digna de estudio. Pero lo que Anchee Min quería era conseguir la nacionalidad estadounidense para poder trabajar de forma legal en este país. En varias ocasiones menciona en el libro que, en aquel momento, le hubiera gustado ser un indigente americano, porque al menos ellos sabían inglés y tenían permiso para trabajar.
La historia con su primer marido supone un punto de inflexión en la vida de Min. La forma de ser de él, muy inclinada a pensamientos budistas y taoístas, influye mucho en ella pero no tanto como para dejar atrás todo lo que supuso crecer en la china comunista de Mao. A pesar de ello, la filosofía americana va calando muy poco a poco en Anchee Min, sobre todo tras conseguir la nacionalidad y el nacimiento de su hija Lauryann.
La buena lluvia sabe cuándo caer es un relato a dos tiempos con los que Anchee Min pone al descubierto quién es a través de su historia de una manera extremadamente sincera. Como ella misma dice al finalizar el libro: “Hoy en día mi vida significa para mí profundizar en el conocimiento personal, estar en contacto conmigo misma, superarme día a día y, sobre todo, disfrutar de la vida”.
Biblioterapia: conocer y amar las raíces
Cuando uno cambia de residencia lo hace persiguiendo un trabajo mejor, un amor o, directamente, un sueño. Pero, ¿qué pasa con lo que queda atrás? ¿Qué ocurre con el sitio en el que te has criado o la gente de la que te has rodeado buena parte de tu vida? Eso no se olvida nunca. Se lleva dentro, duele no tenerlo cerca y se echa mucho de menos.
Los que no hayáis crecido en el mismo lugar en el que vivís ahora, sabréis de qué va el tema. Este libro podría ser una buena receta para muchas facetas de la vida pero conocer las raíces, amarlas, con sus bondades y defectos, y ser embajador de ellas allá donde vayas es, a mi modo de ver, una de sus principales indicaciones de uso.
Anchee Min quiere salir de su tierra para lograr un futuro mejor pero le duele lo que queda allí y la forma en que se queda. También echa de menos sitios, costumbres, la cultura… Entonces, ¿cómo se puede llegar al equilibrio?
25 de noviembre de 2014
Viento del Este, viento del Oeste, de Pearl S. Buck
Encontré este libro rastreando por Internet alguna novela del estilo de Memorias de una geisha. Me apetecía volver a leer sobre la cultura oriental y, aunque desde ya he de decir que ambos libros están a años luz en cuanto al contenido, Viento del Este, viento del Oeste, ha sido todo un descubrimiento de la cultura tradicional china.
La narradora y protagonista de la historia es una joven de familia acomodada, Kwei-lan, a punto de casarse con el hombre al que fue prometida en su más tierna infancia. En la primera parte del libro, Kwei-lan nos explica, a través de una narración a modo epistolar, que en sus primeros años de vida se han dedicado a educarla con un único fin: casarse y aprender diversas artes para hacer feliz y complacer a su marido.
Sin embargo, tras la boda el mundo de Kwei-lan comienza a tambalearse: su marido, un joven chino de buena familia que ha recibido educación occidental, busca en su esposa algo más de lo que se ha de esperar de una mujer china instruida a la manera tradicional. Ella, que al principio hace lo posible por agradarle a la manera que le han enseñado, se da cuenta después de que si quiere conquistar a su marido es necesario cambiar la perspectiva desde la que concibe la vida.
Esta idea se acrecienta cuando, en un momento dado, ella nota que su marido se interesa por una mujer china que vive a la manera occidental. Es entonces cuando la protagonista (y narradora en primera persona) de la opera prima de Pearl S. Buck da los primeros pasos, el más importante de ellos, quitarse las vendas de los pies. Con este y otros pequeños cambios en su forma de actuar, se va ganando el favor de su marido.
Pero el verdadero cisma en la vida de Kwei-lan ocurre cuando su hermano mayor, el primogénito y heredero, revoluciona la familia al regresar de Estados Unidos casado con una mujer extranjera.
Es en este momento cuando se hace más patente la dicotomía cultural entre Oriente y Occidente y, sobre todo, en relación con el papel de la mujer: la china, dedicada al matrimonio, la familia y los hijos, sumisa y dedicada a las labores tradicionales; y la extranjera, más liberal, independiente y con estudios.
La novela trata, además, el conflicto intergeneracional entre jóvenes y ancianos, entre la cultura china milenaria cerrada y el desarrollo de una sociedad al estilo occidental más abierta y avanzada.
Tras una lucha interna en la que Kwei-lan se debate entre la sociedad tradicional inculcada por su madre y la modernidad de su marido y su hermano, termina por interiorizar los cambios sobre la estructura del amor y de los frutos que da ese amor.
Los pies vendados y el sufrimiento de la mujer por conseguir unos pies pequeños conforme al estereotipo de belleza chino es un tema recurrente en Viento del Este, Viento del Oeste. De hecho, uno de los pasajes más significativos del libro es en el que Kwei-lan se quita las vendas de los pies; supone su propio punto de inflexión entre el mundo chino y la apertura a los "nuevos tiempos".
Hoy día aún hay testimonios vivos de mujeres chinas ancianas que tienen en sus pies las secuelas de este tipo de prácticas. He encontrado un reportaje reciente de la CNN que recoge muestras de la fotógrafa Jo Farrell que estudia costumbres femeninas que ya no están vigentes. Farrel ha fotografiado a 50 mujeres con los pies vendados en el área rural de China. Y el resultado, lo podéis ver en el reportaje Las últimas mujeres que viven con los pies vendados y en un vídeo que ella misma ha distribuido a través de YouTube con algunos datos de su investigación.
La narradora y protagonista de la historia es una joven de familia acomodada, Kwei-lan, a punto de casarse con el hombre al que fue prometida en su más tierna infancia. En la primera parte del libro, Kwei-lan nos explica, a través de una narración a modo epistolar, que en sus primeros años de vida se han dedicado a educarla con un único fin: casarse y aprender diversas artes para hacer feliz y complacer a su marido.
Sin embargo, tras la boda el mundo de Kwei-lan comienza a tambalearse: su marido, un joven chino de buena familia que ha recibido educación occidental, busca en su esposa algo más de lo que se ha de esperar de una mujer china instruida a la manera tradicional. Ella, que al principio hace lo posible por agradarle a la manera que le han enseñado, se da cuenta después de que si quiere conquistar a su marido es necesario cambiar la perspectiva desde la que concibe la vida.
Esta idea se acrecienta cuando, en un momento dado, ella nota que su marido se interesa por una mujer china que vive a la manera occidental. Es entonces cuando la protagonista (y narradora en primera persona) de la opera prima de Pearl S. Buck da los primeros pasos, el más importante de ellos, quitarse las vendas de los pies. Con este y otros pequeños cambios en su forma de actuar, se va ganando el favor de su marido.
Pero el verdadero cisma en la vida de Kwei-lan ocurre cuando su hermano mayor, el primogénito y heredero, revoluciona la familia al regresar de Estados Unidos casado con una mujer extranjera.
Es en este momento cuando se hace más patente la dicotomía cultural entre Oriente y Occidente y, sobre todo, en relación con el papel de la mujer: la china, dedicada al matrimonio, la familia y los hijos, sumisa y dedicada a las labores tradicionales; y la extranjera, más liberal, independiente y con estudios.
La novela trata, además, el conflicto intergeneracional entre jóvenes y ancianos, entre la cultura china milenaria cerrada y el desarrollo de una sociedad al estilo occidental más abierta y avanzada.
Tras una lucha interna en la que Kwei-lan se debate entre la sociedad tradicional inculcada por su madre y la modernidad de su marido y su hermano, termina por interiorizar los cambios sobre la estructura del amor y de los frutos que da ese amor.
“¿Ves tu obra hermana? ¡Con este nudito ataste dos mundos!”.
Las últimas mujeres que viven con los pies vendados
Los pies vendados y el sufrimiento de la mujer por conseguir unos pies pequeños conforme al estereotipo de belleza chino es un tema recurrente en Viento del Este, Viento del Oeste. De hecho, uno de los pasajes más significativos del libro es en el que Kwei-lan se quita las vendas de los pies; supone su propio punto de inflexión entre el mundo chino y la apertura a los "nuevos tiempos".
Hoy día aún hay testimonios vivos de mujeres chinas ancianas que tienen en sus pies las secuelas de este tipo de prácticas. He encontrado un reportaje reciente de la CNN que recoge muestras de la fotógrafa Jo Farrell que estudia costumbres femeninas que ya no están vigentes. Farrel ha fotografiado a 50 mujeres con los pies vendados en el área rural de China. Y el resultado, lo podéis ver en el reportaje Las últimas mujeres que viven con los pies vendados y en un vídeo que ella misma ha distribuido a través de YouTube con algunos datos de su investigación.
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